¿Por qué tomó Jesús una naturaleza humana?

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Hoy en día, el mayor enfoque de la iglesia acerca de Jesús se centra en Su divinidad, a tal punto que los aspectos de Su humanidad a menudo se pasan por alto. Esto puede llevar a una falta de entendimiento con respecto a una parte crítica de Su naturaleza. Por lo tanto, es importante entender por qué Jesús se hizo carne y vivió entre nosotros.

Jesús, el Hombre-Dios

No hay duda de que el Nuevo Testamento enseña que Jesús era completamente Dios (San Marcos 1:3, 2:7–11, 14:61–64; San Juan 1:1–3, 8:58–59, 10:28–33, 17:1–5; Romanos 9:5, 10:9, 13; 1 Corintios 8:6; Filipenses 2:5–11; Colosenses 1:15–16, 2:9; Tito 2:13; Hebreos 1:1–3; 2 Pedro 1:1)1. Aun así, nos dice que Jesús era completamente humano; Jesús se vistió en ropa ordinaria para niños (San Lucas 2:7), creció en sabiduría como un niño (Lucas 2:40, 52), se cansaba (San Juan 4:6), tenía hambre (San Mateo 4:4), tenía sed (San Juan 19:28), fue tentado por el diablo (San Mateo 4:1–11), se lamentaba (San Mateo 26:38a) y después de Su resurrección, todavía tenía un cuerpo humano.

La creencia que Jesús es cien por ciento Dios y cien por ciento hombre también se conoce como la Unión Hipostática2. Es un hecho que Jesús será el Hombre-Dios para siempre (San Mateo 26:29; San Lucas 24:39–43; Hechos 1:11; 1 Timoteo 2:5).

Sin embargo, la pregunta que debemos hacer es: ¿Por qué tomó Jesús una naturaleza humana?

¿Porqué era necesario que Jesús se hiciera humano?

Las aperturas de los evangelios claramente enseñan la concepción inmaculada de Jesús3 (San Mateo 1:26; San Lucas 1:26–31). El hecho de que Él sería llamado santo (San Lucas 1:35) indica que Él estaba libre de pecado–algo que ningún otro humano puede decir de sí mismo (Salmo 51:5; 1 Reyes 8:46). Esto es debido a que el pecado entró al mundo por medio de un hombre: Adán; y por lo tanto, toda la gente hemos pecado debido a que venimos de él (Romanos 5:12; 1 Corintios 15:22). Así como un hombre trajo pecado y sufrimiento al mundo, era necesario que un hombre lo removiera.

A MENUDO OMITIMOS LA ENSEÑANZA QUE JESÚS VIVIÓ UNA VIDA DE OBEDIENCIA PERFECTA AL PADRE.

La mayoría de las enseñanzas cristianas se enfocan correctamente en la muerte de Jesús. Sin embargo, al enfocarse en la muerte de Cristo, a menudo omitimos la verdad que Jesús vivió una vida de obediencia perfecta al Padre (San Juan 8:29). Jesús no sólo murió por nosotros, también vivió por nosotros. Si todo lo que Jesús tenía que hacer era morir por nosotros, entonces pudo haber descendido del cielo en un viernes santo, ido directamente a la cruz, resucitado de los muertos y ascendido de vuelta al cielo. Jesús no vivió durante 33 años sin ninguna razón. Mientras estaba en la tierra, Cristo hizo la voluntad del Padre (San Juan 5:30) mediante el uso de medidas específicas, enseñando, haciendo milagros y obedeciendo la ley para “cumplir con toda justicia” (San Mateo 3:15). Jesús, el postrer Adán (1 Corintios 15:45), vino a tener éxito en donde el primer Adán falló en el cumplimiento de la ley de Dios. Jesús tuvo que hacer lo que Adán no pudo para así poder cumplir con la vida de perfección sin pecado que se requería. Jesús hizo esto para que Su justicia pueda ser transferida a aquéllos que ponen su fe en Él para recibir el perdón de pecados (2 Corintios 5:21; Filipenses 3:9).

A pesar de que Dios proveyó una expiación por el pecado de Adán por medio del sacrificio de un animal (Génesis 3:21)4, la sangre de los animales no es suficiente para quitar el pecado (Hebreos 10:4) y ésta es la razón por la que Jesús, el postrer Adán se dio a sí mismo como un sacrificio por nuestros pecados (Hebreos 2:17, 9:11–14). Jesús se hizo nuestro Sumo Sacerdote (Hebreos 2:18, 4:15) quien ahora está delante del Padre como nuestro mediador (1 Timoteo 2:5).

¿Requería impecabilidad la humanidad de Jesús?

En Su tiempo como humano, Jesús estaba expuesto a todo lo que estaban expuestos los humanos, cosas como cansancio, hambre y tentación; pero, ¿significa esto que, como todos los humanos, Él estaba expuesto al pecado?

LA ENCARNACIÓN Y LA CONCEPCIÓN INMACULADA DE JESUCRISTO DEMUESTRAN QUE EL PECADO NO ES ESENCIAL PARA SER HUMANO

Es importante mantener en mente que ser humano no lo hace a uno pecador ya que “el pecado no es un componente esencial para la naturaleza humana”5. Debemos recordar que Dios hizo a Adán sin pecado al principio de la creación (Eclesiastés 7:29)6 y con la capacidad de no pecar. Adán se convirtió en un pecador porque rompió la ley de Dios (Romanos 5:12; compárese Génesis 2:17). Además, la encarnación y la concepción inmaculada de Jesús nos muestran que el pecado no es esencial para ser humano. La razón por la que nosotros, como humanos, pecamos es que “somos culpables como pecadores en Adán”7 (Romanos 5:12, 19; 1 Corintios 15:22).

Jesús no pecó en la vida que vivió, manteniendo perfectamente la ley de Dios (San Lucas 4:13; San Juan 8:29, 15:10; 2 Corintios 15:21; Hebreos 4:15; 1 Pedro 2:22; 1 Juan 3:5).

Jesús estaba seguro de que podía desafiar a que Sus oponentes le probaran que era culpable de pecados (San Juan 8:46). Ni siquiera el gobernador romano Pilato pudo hallar culpa alguna en Él (San Juan 18:38) y la esposa de Pilato reconoció a Jesús como un hombre justo (San Mateo 27:19). Debemos recordar que Jesús fue “un cordero sin mancha y sin contaminación” (1 Pedro 1:19). La vida sin pecado de Jesús lo aprueba para ser un sacrificio por los pecados de los demás (Isaías 53:7–10).

Pero, ¿como es que Jesús, siendo un humano, no cayó en pecado? Algunos creen que fue debido a la unión que había entre Su naturaleza divina y Su naturaleza humana8. Por el otro lado, el teólogo Bruce Ware cree esto:

La Escritura nos sugiere la siguiente respuesta: Jesús no pecó, no porque Su naturaleza divina sobrepasara Su naturaleza humana previneniéndole pecar, sino porque utilizó todos los recursos que le fueron dados en Su humanidad. Él amaba la Palabra de Dios y meditaba en ella . . . . Él oraba al Padre, confiaba en la sabiduría y la justicia de la voluntad y la Palabra de Su Padre y, de manera muy significativa, confiaba en el poder sobrenatural del Espíritu para hacer todo lo que se le había encomendado9.

En su evangelio, Lucas, un historiador confiable (San Lucas 1:1–4), sigue la genealogía de Jesús hasta el primer hombre y el padre de toda la humanidad—Adán (San Lucas 3:38). Después Lucas se enfoca en la tentación de Satanás a Jesús (San Lucas 4:1–13). Esto es interesante porque “a diferencia de Adán, otro ‘hijo’ de Dios que pecó (San Lucas 3:38), Jesús superó las pruebas (compárese Génesis 3)”10.

Lucas nos dice que antes de que Jesús fuera al desierto para ser tentado por el diablo, fue lleno del Espíritu Santo y fue guiado por Él al desierto (San Lucas 4:1). Además, después de Su tentación y en el tiempo en el que inició Su ministerio, el poder del Espíritu volvió a Él (San Lucas 4:14; compárese Isaías 11:1–3). De hecho, cuando Jesús fue a la sinagoga en sábado (día de reposo), Él abrió el pergamino del profeta Isaías (Isaías 61:1–2) en la parte que decía: “El Espíritu de Jehová el Señor está sobre mí”, lo cual Jesús decía que había sido cumplido en Él (San Lucas 4:21). En Su vida y ministerio, Jesús fue lleno de poder por el Espíritu Santo (Hechos 10:38).

Jesús no sólo fue lleno de poder por el Espíritu Santo sino que también era respaldado por la Palabra de Dios para vencer a las tentaciones de Satanás (San Lucas 4:4, 8, 12). Jesús venció a las tentaciones de Satanás citando la Escritura y diciéndole: “Porque está escrito”, lo cual es equivalente a “eso lo resuelve todo”; y Jesús entendía que la Palabra de Dios era suficiente para esto.

Además, cuando Jesús estaba en el jardín de Getsemaní y estaba enfrentando la tentación de darse por vencido para no ir a la cruz11 (San Lucas 22:42), se comprometió a orar al Padre (San Lucas 22:42–44). Jesús luchó y se enfrentó a la tentación (San Lucas 22:44), pero aun así, siempre salió victorioso.

DEBEMOS RECORDAR QUE JESÚS EN SU HUMANIDAD, NO ERA SUPERHOMBRE; ERA UN HOMBRE REAL.

Debemos recordar que cuando Jesús fue humano, no era Superman; era un hombre real. La humanidad de Jesús y Su deidad no encajan directamente la una con la otra. Si fuera así, eso significaría que la humanidad de Jesús sería de hecho súper humanidad; y si es súper humanidad, no es nuestra humanidad; y si no es nuestra humanidad, Él no puede ser nuestro sustituto ya que debe ser como nosotros (Hebreos 2:14–17).

La humanidad de Jesús es un ejemplo para los creyentes

La humanidad de Jesús es un ejemplo para los creyentes, ya que tiene que ver con el cómo vivimos nuestras vidas (1 Pedro 2:21). La vida de un cristiano debe ser una imitación de la vida de Jesús (ver San Juan 13:34, 15:12). Somos llamados a vivir nuestras vidas como Él vivió la suya. Así cómo Jesús fue tentado, soportó el sufrimiento y enfrentó el odio, así debemos los cristianos enfrentar esas cosas en este mundo (San Juan 15:18–20).

La Escritura también nos advierte de no “amar el mundo ni las cosas que están en el mundo” (1 Juan 2:15), tomando en cuenta tres cosas en particular: los deseos de la carne, los deseos de los ojos y la vanagloria de la vida (1 Juan 2:16). Es interesante que éstos fueron los elementos que Satanás usó para tentar a Eva y a Jesús.

Tentación Génesis 3 Lucas 4 1 Juan 2
Física “¿Conque Dios os ha dicho: No comáis de todo árbol del huerto?” (3:1) “Si eres Hijo de Dios, di a esta piedra que se convierta en pan.” (4:3)

Los deseos de los ojos (2:16)

Ganancia Personal “No moriréis.” (3:4) “Para que no tropieces con tu pie en piedra.” (4:11) Los deseos de la carne (2:16)
Poder “Seréis como Dios.” (3:5) “A ti te daré toda esta potestad . . .” (4:5–6) La vanagloria de la vida (2:16)

Satanás, quién tiene dominio sobre el mundo (1 Juan 5:19), usará los deseos del mundo que usó con Eva y Jesús para tentar a los cristianos.

Sin embargo, la manera en que ganaremos esta batalla en contra del mundo es mirando hacia Aquél que ya ha vencido al mundo (San Juan 16:33). La vida de obediencia y la fe de Jesús es un ejemplo para nosotros cuando enfrentemos la tentación ya que nosotros contamos con los mismos recursos que respaldaban a Jesús para llevar a cabo Su ministerio: la Palabra de Dios (Efesios 6:17), la oración (Efesios 6:18) y el Espíritu Santo (Efesios 5:18).

Referencias y Notas

  1. La divinidad de Jesús es parte de la doctrina de la Trinidad, la cual declara que dentro del Ser único que es Dios, existen eternalmente tres personas coiguales y coeternas, es decir, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.
  2. La Unión Hipostática describe las dos naturalezas, la divina y la humana, en la persona de Jesucristo.
  3. Es la concepción de Jesús, no el nacimiento, que fue sobrenatural.
  4. Ya que Adán y Eva eran los únicos humanos en este punto, la piel que usó Dios para cubrirlos debe haber sido la de un animal. Aunque Génesis 3:21 no dice explícitamente que las pieles eran de animales, es una implicación razonable y una que tendría sentido para la audiencia original (Comunidad mosaico) en la cual se ofrecía un animal para hacer expiación por el pecado y se le daba al sacerdote la piel (Levítico 7:8).
  5. John Frame, Teología sistemática: Una introducción a la creencia cristiana (Nueva Jersey: P & R Publishing Group, 2013), 889.
  6. D.M. Clemens arguye que Eclesiastés 7:29 es una clara referencia a Adán. Vea D.M. Clemens, “La ley del pecado y la muerte: Eclesiastés y Génesis 1-3,” Themelios 19, no. 3 (abril 1994): http://s3.amazonaws.com/tgc-documents/journal-issues/19.3_Clemens.pdf.
  7. Esto no significa que nosotros somos culpables del pecado de Adán, sino que nos encontramos culpables en él por el hecho de que Adán nos representa como nuestra cabeza federal. Vea Michael Horton, The Christian Faith: A Systematic Theology for Pilgrims on the Way (La fe cristiana; Una teología sistemática para peregrinos en el camino) (Grand Rapids, Michigan: Zondervan, 2011), 426.
  8. Por ejemplo, la cuestión de si Cristo era capaz de pecar (impecabilidad) “quiere decir no sólo que Cristo podía evitar pecar y, de hecho, lo evitó, pero también que le era imposible a Él pecar por el vínculo esencial entre las naturalezas humana y divina,” Louis Berkhof, Systematic Theology (Teología sistemática) (Edinburgh: Scotland: Banner of Truth, 1958), 318.
  9. Bruce Ware, The Man Christ Jesus: Theological Reflections on the Humanity of Christ (El hombre Cristo Jesús: Reflejos teológicos sobre la humanidad de Cristo) (Wheaton, IL: Crossway, 2013), 84.
  10. Craig Keener, The IVP Bible Background Commentary: New Testament (Downers Grove, IL: InterVarsity Press, 1993), 198.
  11. La copa a la cual se refiere Jesús en el jardín es una metáfora para el sufrimiento que enfrentará en la cruz (Vea Mateo 20:22–23) soportando la ira de Dios (Isaías 51: 17, 22; Jeremías 25:15, 17, 28).

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