Que nuestra navidad se someta a Cristo

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Cristo, más que un adorno

Una de las maravillas de diciembre es la nostálgica exhibición de las luces navideñas que alegran las noches frías del hemisferio norte. Se ven colores brillantes en verde, rojo, azul, amarillo y blanco colgando de las canaletas, en los marcos de las ventanas y árboles alrededor, en casas viejas y nuevas por igual; dándoles esa chispa anual que tiene el poder de convertir un mal día en uno bueno y de llevar a los corazones ansiosos a los profundos lugares donde se encuentran los recuerdos de la infancia. Nos envolvemos en los sentimientos intensos que despierta la Navidad que parecen resurgir en la misma época cada año. Es un momento en que las familias se vuelven a unir y la personalidad característica de cada miembro de la familia se expresa juntamente con los regalos o los alimentos que se comparten.

Sumado al calendario, hay ciertos olores, colores, canciones y actitudes que nos hablan de cierta fecha que se acerca . . . la Navidad.

Sin embargo, a medida que crecemos, nos encontramos con uno de los tratos injustos de la realidad: la amargura de otras personas que ponen letreros, publicaciones y reportajes para difundir su desdén por este día tan especial. Es posible que hasta apretemos los dientes y murmuremos algo como: “¿Estas personas no tendrán otras cosas que hacer o será que no recibieron suficiente atención cuando eran niños como para tener que descargarse en contra de una ocasión tan maravillosa?”

Las emociones se exaltan en ambos lados de este debate, pero antes de que nos reunamos para contraatacar a estos Scrooges y Grinches modernos, esta también podría ser una oportunidad para tomar una decisión acerca de nosotros mismos. ¿Será posible que muchos de nosotros tendamos a borrar la línea distintiva entre una celebración cultural y el verdadero Jesús que nació en un pesebre?

No descuide lo principal por preocuparse con lo secundario.

A pesar de que estoy deseando celebrar esta Navidad en mi casa, con mi esposa e hijos, sería beneficioso observar de forma objetiva lo que está en juego aquí y asegurarme de que, incluso al defender lo que es bueno y verdadero, todo esté en el orden correcto.

Porque es tiempo de que el juicio comience por la casa de Dios; y si primero comienza por nosotros, ¿cuál será el fin de aquellos que no obedecen al evangelio de Dios? (1 Pedro 4:17)

En medio de los colores y las formas alegres que entran por nuestros ojos, entre los coros redundantes pero renovadores que anualmente encuentran su camino de regreso a las ondas de radio para llegar a nuestros oídos, e incluso dentro de cada sentimiento y pensamiento, debemos preguntarnos si hemos hecho que la Navidad sea acerca de Cristo. Es muy fácil para nosotros hacer las cosas en el nombre de Cristo sin tener en cuenta Su Palabra o Su voluntad. No obstante, incluso si lo hemos hecho, ¿podemos por favor estar dispuestos a reconocer que, si lo hacemos, hay una posibilidad de que podríamos estar equivocados? Cada vez que hacemos que cualquier cosa sea acerca de Cristo, nos exponemos a una religión idólatra, no más. Por favor, tome en cuenta lo que se diga antes de eliminar cualquier pensamiento. Cuando refutamos tal vez solo se deba a sentimentalismos de la infancia sin siquiera saberlo. Si usted lucha e intenta para que una canción sea acerca de Cristo, su canción se convertirá en un ídolo porque la canción es el fin, no Cristo. Si quiere que su hogar sea acerca de Cristo, está trabajando muy duro y por la causa equivocada. Por favor, permítanme explicarle.

Según el apóstol Pablo, debemos llevar “cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo,” (2 Corintios 10:5), ¡lo que no significa que se deba llevar a Cristo cautivo a la obediencia de cada pensamiento! En otras palabras, los redimidos no debemos apetecer la idolatría de hacer que la Navidad sea acerca de Cristo, sino también nuestras vidas, nuestras casas, nuestras iglesias; ¡debemos someter la idea de la Navidad a Cristo mismo! Cualquier otra forma de considerar tal hazaña no solo pone al día antes que al Señor (idolatría), sino también puede ser un intento de colocar (o desplazar) a Cristo mismo, por simples humanos, puesto que sería un intento de “poner” a Cristo en una celebración tradicional.

Jesús es el Rey de reyes y Señor de señores. Su reino es por siempre y para siempre. Nosotros no lo hacemos el Señor de nuestras vidas, sino Él es el Señor. En la experiencia de la salvación, nos sometemos a Su señorío en esta vida y los que lo rechazan se someterán a su señorío después, pero sin posibilidades de la salvación (Filipenses 2:10–11).

Para aquellos que tienen el don gratuito de la salvación por la gracia mediante la fe (Efesios 2:8–9), están escondidos en Cristo (Colosenses 3: 3), así que todo en la vida cristiana debe fluir de la Palabra de Dios, por tanto, debe someterse y estar en Cristo. Por lo tanto, para los creyente, la celebración de la Navidad debe someterse a Cristo.

¿Cómo hacer que nuestra celebración de la Navidad se someta a Cristo?

Así que, de las cosas que podemos controlar en cuanto a su lugar e importancia, la Navidad es una de ellas, ¡pero Cristo no lo es! Y para que la Navidad se someta a Cristo, primeramente tenemos que encontrar a Cristo según Su Palabra (Hebreos 1:1–2), la cual comienza en Génesis 1:1.

De acuerdo a Su Palabra, en Génesis 3:15, hay una promesa de que surgiría una "Simiente" que heriría o aplastaría la cabeza de la serpiente, la cual es una herida mortal en comparación de los moretones en el talón que la serpiente podría infligir a esta Simiente bendita. A través de la revelación progresiva (los puntos esclarecedores del plan redentor de Dios a través de la Escritura), la Escritura nos dice que esta Simiente provendría en forma humana del linaje de Abraham (Génesis 22:18), pero que sería Dios encarnado (Isaías 9:6; Jeremías 23:6; Romanos 9:3–5), que nacería de una virgen (Isaías 7:14) en la ciudad de Belén (Miqueas 5:2) y que Él cargaría con el castigo como propiciación por nuestros pecados (Isaías 53).

Tal y como Dios lo predeterminó y los profetas lo profetizaron, nació el bebé Jesús; el Hijo eterno de Dios nos fue dado hace unos 2,000 años en un humilde pesebre en Belén y nació de una virgen, como fue predicho. Los ángeles anunciaron su nacimiento y una luz brillante se le dio a los magos de oriente para que los guiara. La acumulación de moretones en su talón comenzó cuando el rey Herodes trató de acabar con Su vida y por consiguiente empezó la lucha.

Después de unos 33 años de vida terrenal, este Dios-hombre perfecto asumió nuestras funciones y muchas más al dar su vida como rescate por muchos en una cruz romana, y a pesar de que esta cruz de madera fue ensamblada por manos humanas usando clavos y fue formado por mentes greco-romanas, realmente fue la condenación divina del Padre que dio Su espalda antropomórfica a Su Hijo unigénito como propiciación lo que se llevó a cabo en esta transacción voluntaria. El Dios-hombre sin pecado fue hecho pecado por nosotros en ese día oscuro y bendito mientras Él fue maldito.

Cristo nos redimió de la maldición de la ley, habiéndose hecho maldición por nosotros (porque escrito está: Maldito todo el que cuelga de un madero). (Gálatas 3:13)

¡Él fue maldito! ¡Él fue maldito! El Logos eterno, que es el cordero precioso y coigual del Padre, fue maldito por los pecados de la humanidad. Si para usted la Navidad es una época materialista, un tiempo para la familia, o incluso una época de dar, y no conoce a Cristo, por favor entienda, si alguien pudiera convencerle de hacer que la Navidad sea “acerca” de Cristo, que eso solo le añadirá otro valor sentimental a su 25 de diciembre. Sin embargo, hay algo que se podría hacer. ¿Estaría usted dispuesto a darle no solo su Navidad, sino también todo su ser a Cristo?

Para aquellos de nosotros que sí conocemos a Cristo, recordemos que no solo estamos llamados a hacer que la Navidad sea “acerca” de Cristo, sino que entreguemos tanto el 25 de diciembre como la sumisión de todo a Él para Su gloria. Llevemos esta discusión al lugar que le corresponde en el campo de batalla en el evangelio. Si usted está dispuesto a "corregir" a alguien por decir "felices fiestas" en lugar de decir "Feliz Navidad", usted honraría a Cristo al hablar con ellos sobre el Cristo que es Señor de todos durante la Navidad, así como los otros 364.25 días del año, y hacerles saber que Él salvará a aquellos que confíen en Él para el perdón de sus pecados.

Dejemos que la escena del pesebre, cuya pieza central es el bebé envuelto en pañales, nos hable ahora sobre el verdadero significado de la Navidad poniendo atención a lo que este bebé más tarde proclamaría: “arrepentíos, y creed en el evangelio.” (Marcos 1:15)

¿Qué es este glorioso evangelio en el que debemos poner nuestra confianza?

Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras. (1 Corintios 15:3–4)

En conclusión, podríamos abordar la Navidad de varias maneras:

  1. Optar por no celebrar.
  2. Aprovechar este tiempo como una forma materialista de comprar el favor de nuestros hijos (y de impresionar a nuestros vecinos).
  3. De algún modo "poner" a Cristo en la Navidad para celebrar un día “santo.”
  4. Entregar este día y toda nuestra vida a Cristo y vivir celebrando Su nacimiento, vida, muerte y resurrección para siempre.

Yo no sé ustedes, pero para mi casa y para mi, voy optar por el número 4 mientras disfrutamos la celebración el 25 de diciembre. Así que con estos pensamientos en mente, les deseo Feliz Navidad a usted y a los suyos.

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