Se establece el ritmo cardiaco: Día 28 en la vida de un bebé no nacido

por Patricia Engler septiembre 9, 2022
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¿Ha visto usted alguna vez algo tan maravilloso que casi se le olvida respirar? Así es como me sentí en mi primer laboratorio de biología de desarrollo, en donde me quedé observando un pequeño punto rojo pulsante. Con cada latido del corazón del embrión de pollo, la atmósfera en el laboratorio parecía palpitar con la maravilla de la vida. ¡Y esto solo era el latido del corazón de un pollo!

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¿Cuán más asombroso es el corazón del embrión de un ser humano, palpitando ya en el día 22 después de la fecundación y con un ritmo cardíaco regular establecido en el día 28? Los evolucionistas y creacionistas encuentran esta etapa del desarrollo especialmente interesante porque, el día 28, los embriones humanos muestran características que se parecen a las estructuras que vemos en otros embriones—tales como los pollos. Los evolucionistas dicen que estas similitudes son evidencia de que los humanos, pollos y otros vertebrados comparten un mismo ancestro. Pero veamos cómo aplicar el mismo pensamiento bíblico crítico a esta declaración. Para empezar, miremos más de cerca al embrión humano de 28 días de vida.

28 días de vida

Placa en la exhibición Fearfully and Wonderfully Made del Creation Museum (Museo de la Creación).

Anatomía humana en el día 28

Ya nos hemos acercado para ver el corazón del embrión, completo con sus cavidades en desarrollo. Al mirar desde una mayor distancia, vemos una red de arterias esparciéndose para distribuir la sangre a través del pequeñísimo y encorvado cuerpo. Aunque solo del tamaño aproximado de un grano de arroz, este individuo ya tiene frente, torso y cuatro brotes de extremidades. Dentro de su cabeza, podemos ver la temprana estructura de sus oídos y ojos, completos con discos de lente y retina.

El sistema nervioso ya tiene tres regiones diferenciadas: prosencéfalo, mesencéfalo y rombencéfalo, junto con un tubo hueco que se convertirá en la médula espinal del bebé.

El sistema nervioso ya tiene tres regiones diferenciadas: prosencéfalo, mesencéfalo y rombencéfalo, junto con un tubo hueco que se convertirá en la médula espinal del bebé. Debajo de este tubo neural, una vara flexible llamada notocordio provee soporte al cuerpo en desarrollo. Eventualmente, el notocordio permitirá la formación de las vértebras y sus discos. Entretanto, juega un papel primordial al emitir señales químicas para ayudar a guiar el desarrollo de los tejidos que lo rodean.

Continuando hacia abajo, encontramos un grupo de dobleces de tejido tipo acordeón debajo de la cabeza del bebé. Estos dobleces, conocidos como los arcos faríngeos,1 se desarrollarán en estructuras de la mandíbula y el cuello. Debajo de ellos, los órganos internos del bebé se están empezando a formar. Podemos ya observar claramente el corazón y el hígado junto con varias protuberancias a lo largo de la capa más interior de tejido del embrión, el endodermo. Puede que estas protuberancias no parezcan mucho en este momento, pero muy pronto se desarrollarán en pulmones, estómago, páncreas, vesícula biliar e intestinos.

Extendiéndose desde el endodermo, el cordón umbilical importa sangre oxigenada desde la placenta y exporta desechos. Células germinales primordiales, las cuales se convertirán en esperma o en óvulos dependiendo de si el bebé es genéticamente un hombre o una mujer, ya se encuentran presentes y están migrando hacia su lugar futuro en el embrión. El cuerpo del embrión en forma de coma va disminuyendo al final del notocordio, creando una estructura que los textos evolucionistas llaman “cola”.

¿Evidencia de evolución?

Por supuesto, esta “cola” se desvanecerá de la vista a medida que los brotes de las extremidades inferiores se convierten en piernas. Inclusive una vez que el cóccix se forma, servirá no como una cola, sino como un punto de ligamento de músculos crucial para sostener órganos internos. Entonces, los mensajes que llaman a la base del embrión “cola” no son afirmaciones basadas en hechos observables sino en interpretaciones basadas en suposiciones evolucionistas. Sin embargo, dichas interpretaciones serán presentadas como hechos en los libros de texto.

Con el fin de separar los hechos de las interpretaciones, podemos preguntar, “¿Cuáles partes de este mensaje son observaciones que podemos ver en el presente, y cuales partes son suposiciones, especulaciones, y explicaciones acerca de un pasado que no fue observado?” Entonces, podemos preguntar cómo una explicación bíblica podría explicar aún mucho mejor la misma observación.

Tomemos, por ejemplo, el argumento que propone que las similitudes entre los embriones humanos y animales son evidencia de la evolución. Este reclamo popular ha circulado desde el siglo XIX cuando el biólogo Ernst Haeckel falsificó dibujos haciendo que los embriones vertebrados se vieran más parecidos de lo que realmente son. Haeckel incorrectamente creía que los embriones humanos recrean la evolución, pasando por etapas similares a un pez, anfibio, y reptil.2 Históricamente, esta falsa enseñanza ha sido utilizada para justificar un sinnúmero de abortos ya que los médicos han aconsejado a las mujeres diciéndoles que los embriones humanos no son personas sino masas de células que pasan por una etapa de desarrollo similar al de un “pez”.

Mientras la mayoría de los científicos ya no creen en la idea de Haeckel, los libros de texto todavía llaman las similitudes entre embriones—como los brotes similares de las extremidades, notocordios, los pliegues faríngeos—evidencia de la evolución. Los libros de texto también pueden reintroducir una versión de las ideas de Haeckel al reclamar que partes de los embriones en desarrollo reflejan su supuesta evolución.

Es un hecho que vemos ciertas similitudes entre los embriones. Sin embargo, es una interpretación basada en suposiciones evolutivas decir que estas semejanzas reflejan un ancestro común.

Separemos los hechos de las interpretaciones en estos mensajes. Es un hecho que vemos ciertas similitudes entre los embriones. Sin embargo, es una interpretación basada en suposiciones evolutivas decir que estas semejanzas reflejan un ancestro común. Uno de los problemas con esta interpretación es que diferentes similitudes no cuentan una historia de evolución. No es inusual ver estructuras de apariencia similar que han sido desarrolladas por diferentes segmentos embriológicos o células, o ser codificadas por diferentes genes y redes de genes.3 Una explicación alternativa más simple es que estas semejanzas reflejan el mismo Diseñador, quien aplicó los mismos buenos diseños a múltiples criaturas, creando un patrón de mosaico de similitudes en vez de uno de evolución.

Del mismo modo, los libros de texto pueden llamar a los arcos faríngeos “aberturas branquiales”, sugiriendo que los humanos son descendientes evolucionados de los peces. Sin embargo, los arcos faríngeos no son ni branquias ni aberturas, y no tienen nada que ver con proveer oxígeno al embrión. El tildar estos pliegues de tejido de “aberturas branquiales” de todos modos es una técnica propagandista llamada asociación, la cual pretende hacer ver que los humanos son más cercanos a un pez de lo que realmente son.4 Una interpretación bíblica de los arcos faríngeos es que son un buen diseño que nuestro Creador podría aplicar a múltiples criaturas.

¿Por qué importa?

Entonces, ¿por qué importa la manera en que interpretemos estas partes del cuerpo en estos embriones de 28 días? Al utilizar términos tales como “aberturas branquiales” y “cola” puede parecer nada más que son cuestiones de semántica (un tanto engañosa). Pero en realidad, nuestras interpretaciones pueden ser cuestión de vida o muerte. ¿Estamos interpretando a los seres humanos como subproductos parecidos a los peces, o como personas hechas a imagen de Dios? (Génesis 1:27).

¿Estamos interpretando a los seres humanos como subproductos parecidos a los peces, o como personas hechas a imagen de Dios?

Si los humanos evolucionaron separados de un Dios cuyo carácter define la moralidad, entonces podemos inventar nuestros propios estándares del bien y el mal. Pero no tenemos ningún fundamento para explicar por qué esos estándares deben valorar cada vida humana si los humanos son subproductos de la evolución sin sentido. En esta cosmovisión secular, parar el latido del corazón de un embrión humano no es diferente de parar el latido del corazón de un pollo.

Sin embargo, cuando vemos los embriones humanos a través del lente le la Palabra infalible de Dios, vemos personas que han sido modeladas conforme a la imagen de su Creador, dotadas con un valor, dignidad y significado intrínsecos. La palabra de Dios revela que los humanos son tan importantes para nuestro Creador que después de separarnos de él por el pecado, él entró en su creación y se convirtió en uno de nosotros. Jesús se hizo hombre, convirtiéndose en un embrión con un corazón latiente minúsculo. Y después él permitió que ese latido fuera parado pagando la pena de la muerte del pecado por cuenta de todo aquel que espera en él. ¡Eso sí es asombroso!

Referencias y Notas

  1. También conocidos como hendiduras faríngeas, dobleces, o bolsas.
  2. Esta idea es conocida como la teoría de la recapitulación llamada así debido al reclamo de Haeckel que “la ontología recapitula la filogenia”—en otras palabras, “el desarrollo embrionario reafirma la evolución”.
  3. Wagner, Günter, Homology, Genes, and Evolutionary Innovation (Princeton, New Jersey: Princeton University Press, 2018); and James DiFrisco and Johannes Jaeger, “Beyond Networks: Mechanism and Process in Evo-Devo,” Biology & Philosophy 34, no. 6 (2019): 54.
  4. Otro de los reclamos afirma que los embriones humanos tienen un saco vitelino, mostrando así una conexión evolutiva a animales que ponen huevos. Una refutación a este reclamo puede verse en el píe de página 23 de https://answersingenesis.org/human-evolution/piltdown-man/recapitulation-repackaged-and-re-applied/.

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