Agustín y su interpretación sobre los Días de la Creación

El análisis de un presunto aliado de la postura sobre la “tierra antigua”

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Los defensores de la postura sobre una Tierra antigua se apoyan en las interpretaciones figuradas del capítulo 1 del libro de Génesis, hechas por Agustín de Hipona. Pero ¿qué dijo Agustín realmente?

Agustín de Hipona— famoso padre de la iglesia, teólogo de los primeros siglos y . . . ¿creyente de la teoría de la Tierra antigua?

De la serie de videos El Gran Debate (ver | comprar) de Respuestas en Génesis (ReG), donde participaron Ken Ham, Jason Lisle, el astrónomo Hugh Ross (de Razones para Creer) y el biblista Walter Kaiser (de Gordon-Conwell Theological Seminary), los dos últimos mencionados son cristianos que creen que la creación tiene miles de millones de años de antigüedad. La serie-debate fue organizada por el defensor de la teoría de la Tierra antigua John Ankerberg en su programa de televisión a principios de 2006.

En el DVD del debate lanzado por ReG, el historiador de geología Terry Mortenson de ReG ofreció un extenso comentario desde una perspectiva creacionista de la Tierra joven. El siguiente artículo se fundamenta en el comentario del Dr. Mortenson sobre la tendencia de Ross y Kaiser de recurrir a Agustín para defender ideas sobre la edad de millones de años de la tierra.

Agustín de Hipona

Agustín de Hipona (354–430)

Los doctores Ross y Kaiser son sólo dos de los muchos defensores de la teoría de una Tierra antigua en la iglesia de hoy, quienes tratan de utilizar al teólogo cristiano Agustín de Hipona (354-430 d.C.) como apoyo para la creencia de ellos en la existencia de la Tierra por millones de años. Pero la idea de que Agustín creyera eso, es un mito. A primera vista, pareciera como si estas interpretaciones de las enseñanzas de Agustín interesaran exclusivamente a los círculos especializados en la confusa historia de la iglesia primitiva, o de la Creación; sin embargo, las implicaciones de este concepto se extienden más allá de éstas áreas de estudio. Por ejemplo, Jim Manzi, al escribir para el National Review Online en el año 2008 (y al citar un artículo anterior de su autoría en National Review), desarrolló nuevas implicaciones:

Encarar el tema de la evolución nos coloca de nuevo en compañía de Agustín y Tomás de Aquino, quienes se vieron obligados a encontrar la manera de reconciliar sus fuertes ideas proto-científicas con el cristianismo. Ellos describieron a Dios como alguien que actuaba a través de leyes o procesos. Alrededor del año 400, Agustín describió una perspectiva de la Creación en la que "semillas de potencialidad" fueron establecidas por Dios, para luego desarrollarse a través del tiempo en un conjunto de procesos incomprensiblemente complicados. . . .

Ni Agustín ni Aquino fueron una especie de pre-darwinistas. Agustín, por ejemplo, pensaba que las especies eran inmutables y que no eran el resultado de un ancestro común. Lo llamativo de los dos, sin embargo, era su insistencia en tratar de comprender las mejores ideas no teológicas disponibles en su época, para incorporarlas a los puntos de vista religiosos.

Basándose en este profundo patrimonio intelectual, la mayoría de las principales denominaciones en el mundo occidental han aceptado la evolución como plenamente compatible con el teísmo. Y los teóricos conservadores harían bien en estar de acuerdo con ello.

¿Qué Creía Agustín?

Hay varios problemas para definir este argumento. Para empezar, durante el año 389-417 d.C., Agustín escribió tres comentarios sobre el Génesis, y discutió los primeros capítulos del Génesis en su libro La Ciudad de Dios; durante el proceso, sus conceptos cambiaron de algunas maneras, y sus escritos resultaron confusos (incluso un tanto contradictorios) en ciertas porciones. A lo largo de su vida, fluctuó entre interpretaciones alegóricas y perspectivas literales.1 Pero hay muchas pruebas de que Agustín no era defensor de la idea de una Tierra Antigua; más bien, creía que Dios había creado todo en un instante, y que lo había descrito para nuestra mayor comprensión, como una obra realizada en 6 días. Agustín escribió:

Tal vez no deberíamos pensar que estas criaturas, al momento de ser hechas, estaban sujetas a los procesos de la naturaleza que ahora observamos en ellas; sino más bien, estaban bajo el maravilloso e inefable poder de la sabiduría de Dios, que se extiende poderosamente desde un extremo a otro y gobierna todo con gracia: pues este poder de la Sabiduría Divina no llega por etapas o por pasos. Fue tan fácil, entonces, para Dios crear todo, como lo fue para la Sabiduría ejercer este gran poder; porque a través de la Sabiduría todo fue hecho, y el funcionamiento que ahora vemos en las criaturas (medido por el paso del tiempo, ya que cada una cumple su función propia), llega a ellas por medio de las razones causales implantadas en ellas, que Dios dispersó como semillas en el momento de la creación cuando Él habló y fueron hechas; él mandó, y fueron creadas. La creación, por lo tanto, no se produjo lentamente con el fin de que un desarrollo lento pudiera ser implantado en aquellas cosas que ahora son lentas por naturaleza; ni fueron las edades establecidas con el pesado ritmo que ahora tienen. El tiempo provoca el desarrollo de estas criaturas de acuerdo con las leyes de su universalidad, pero no hubo paso del tiempo cuando recibieron estas leyes durante la creación.2

Por otra parte, Agustín creía que las genealogías dadas en Génesis eran cronologías literales, y que los patriarcas antediluvianos habían vivido hasta llegar a tener alrededor de 900 años.3 También declaró, “los no-creyentes también son engañados por falsos documentos que le atribuyen a la historia muchos miles de años, a pesar de que a partir de la Sagrada Escritura se puede calcular que no han pasado más de 6.000 años desde la creación del hombre”.4

Por cuanto Agustín creía que la creación original había ocurrido en un instante, no hay razón para pensar que creyera que habían transcurrido millones de años antes de la creación de Adán.

Por otra parte, Agustín creía que Génesis en los capítulos 6-8 describía un diluvio global. Una vez más, esto lo distingue de los defensores de la Tierra antigua como Hugh Ross que creen que el Diluvio fue una catástrofe local en el valle de Mesopotamia (actual Irak). Agustín utilizó cinco páginas de sus escritos para contestar objeciones escépticas, respecto a si el diluvio efectivamente cubrió todas las montañas más altas, o si el Arca fue lo suficientemente grande; si Noé tenía la capacidad de construir el Arca, y de alimentar a los animales carnívoros dentro del Arca.5

Algunos afirman que Agustín y otros cristianos del pasado sólo pudieron creer en una creación reciente y en el diluvio universal porque en su época no tenían teorías evolucionistas o científicas sobre la antigüedad de la Tierra, como para sopesarlas (de hecho, con éste argumento algunos desechan todas las creencias de los cristianos que sean anteriores al siglo XIX). Sin embargo, a principios del siglo XX, el evolucionista Henry Fairfield Osborn, director del Museo Americano de Historia Natural, escribió lo siguiente:

Cuando inicié la búsqueda de precedentes a la teoría de la evolución. . . volví de nuevo a los filósofos naturalistas griegos y quedé asombrado al descubrir cómo muchos de los postulados característicos y básicos de la teoría darwiniana ya se habían mencionado en el siglo VII a.C.6

Por lo tanto, Agustín sí tuvo acceso a teorías "científicas" alternativas sobre la historia de la tierra en su propio contexto cultural, pero se negó a fusionar tales ideas con las enseñanzas de las Escrituras.

Entonces, aún las cronologías de la historia griega y egipcia no están de acuerdo; y ya que la primera no supera la cifra real [de edad de la Tierra] implícita en nuestra Sagrada Escritura, ésta puede ser aceptada. En consecuencia, si esta carta de Alejandro Magno, ahora tan conocida, está tan lejos de ser precisa en su cronología, podemos confiar aún menos en aquellos otros documentos [paganos], cargados de mitología, que se citan en oposición a la autoridad establecida de las Escrituras inspiradas. El hecho de la predicción bíblica de que todo el mundo iba a creer, y que de hecho ha creído, debería probar que la Sagrada Escritura ha dado un verdadero relato del pasado. Ciertamente, mucho de lo que se predijo ha sido perfectamente cumplido.7

De hecho, Agustín mismo rechazó específicamente las teorías de edad de la tierra de algunos de sus contemporáneos, y las describe de maneras que parecen aludir a las teorías uniformitarianistas y catastrofistas del siglo XIX:

No me detendré, entonces, en las conjeturas de los hombres que "no saben lo que dicen" en relación con la naturaleza y el origen de la raza humana. Hay, por ejemplo, los que tienen la opinión de que los hombres— como el universo— han existido siempre. . . Supongamos que se postulan las siguientes preguntas a estos hombres: Si la raza humana siempre ha existido ¿cómo entonces reivindica usted la validez de su propia historia, la cual registra los nombres de inventores y de lo que inventaron, de los primeros fundadores de la educación liberal y de las otras artes, de los primeros habitantes de esta o aquella región y de esta o aquella isla? Ellos responderán que en determinados periodos de tiempo, la mayor parte de la tierra estaba tan devastada por inundaciones e incendios, que la raza humana se redujo mucho en tamaño y que desde este pequeño número, se restauró de nuevo la antigua población; y que, por lo tanto, a intervalos, hubo un nuevo descubrimiento y organización de todas estas cosas, o, más bien una restauración de lo que había sido dañado o destruido por las grandes catástrofes; y que, en cualquier caso, la humanidad simplemente no podría existir a menos de que se produjera a partir de otros humanos. Por supuesto, todo esto son meras opiniones, no ciencia.8

Así, es evidente que Agustín tuvo teorías sobre la edad de la tierra con las cuales lidiar en su día— de los griegos y de otros paganos— pero él no las aceptó, y no trató de adaptar esas ideas al libro de Génesis.

Lo Que Agustín No Sabía

SERÍAMOS NEGLIGENTES SI AFIRMÁRAMOS QUE AGUSTÍN FUE UN CREACIONISTA ORTODOXO Y DEFENSOR DE LA TIERRA JOVEN.

Dicho todo esto, seríamos negligentes si afirmáramos que Agustín fue un creacionista ortodoxo y defensor de la Tierra joven. Por ejemplo, Agustín rechazó la creencia sobre la creación en siete días de Ambrosio, quien fue clave para la conversión de Agustín al cristianismo.

Sin embargo, Agustín no sabía hebreo y sólo logró un modesto conocimiento del griego al final de su vida, después de haber escrito sus tres comentarios sobre el

Génesis (y su libro La ciudad de Dios, en el que también se refirió a Génesis 1–11).9 Agustín basó su trabajo en la Antigua Versión Latina (Vetus Latina), una traducción de la Septuaginta de inferior precisión, comparada con la versión posterior, la Vulgata Latina de Jerónimo.

Al principio, esto podría parecer una insignificancia que probablemente no haría caer en errores a los lectores. Sin embargo, mientras que la palabra hebrea beyom de Génesis 2:4 se traduce en las versiones modernas como “en el día que”10 (o “cuando”11) Dios creó los cielos y la tierra, la traducción de la Vetus Latina la traduce como, "el día que” Dios hizo los cielos y la tierra. Esta traducción inexacta hace que sea más comprensible por qué Agustín creía Dios hizo todo en un solo día o un solo instante.12

Además, Agustín consideraba a los libros apócrifos (los cuales apoyan la idea de una creación instantánea) como Escritura infalible.13 Sin embargo, los apócrifos ciertamente no son infalible Palabra de Dios— ver Una mirada al Canon y ¿Por qué 66?

Lo que Agustín No Podría Haber Sabido

Agustín no solo no admitió perspectivas que apoyaran la Tierra antigua; también se consideró a sí mismo como un ser humano limitado, y consideró su pensamiento sobre el Génesis como falible. En el último libro que escribió (cerca de 3 años antes de su muerte), llamado Retractaciones, buscó revisar todos sus libros y hacer correcciones donde había errado. En cuanto a su último, y más literal comentario sobre el Génesis, Agustín escribió: "En este trabajo, muchas más preguntas se han formulado que resuelto, y en cuanto aquellas que se han resuelto, aún menos lo han sido de manera concluyente. Por otra parte, otras han sido propuestas de manera tal que requieren investigación adicional.”14

En el comentario antes mencionado, Agustín también rechazó las interpretaciones alegóricas que se encuentran en sus dos comentarios tempranos sobre el Génesis, aunque retuvo su incertidumbre sobre la interpretación de la duración de los días de la semana de la Creación.

Entonces, el que no acepte el significado que mis poderes limitados han podido descubrir o conjeturar, sino que busca en la enumeración de los días de la creación un significado diferente (lo que podría ser no entendido en el sentido profético o figurado, sino literalmente y más acertadamente, en la interpretación de las obras de la creación), que busque y encuentre una solución con la ayuda de Dios. Yo mismo posiblemente podría descubrir algún otro significado más en armonía con las palabras de la Escritura.15

Sobre el “hablar sin conocimiento”

En general, todos (incluso un no-cristiano) saben algo sobre la tierra, los cielos y los otros elementos de este mundo; sobre el movimiento y la órbita de las estrellas e incluso su tamaño y posición relativa; sobre los eclipses predecibles del sol y la luna, los ciclos de los años y las estaciones del año. Saben sobre las clases de animales, arbustos, piedras, etc., y este conocimiento, lo consideran válido por la razón y la experiencia. En contraste, es una cosa vergonzosa y peligrosa para un incrédulo escuchar a un cristiano (quien en teoría debería declarar la enseñanza de la Sagrada Escritura) diciendo tonterías sobre estos temas; y debemos usar todos los medios posibles para evitar una situación tan embarazosa, en la que las personas ponen en evidencia la gran ignorancia en un cristiano y se ríen con desprecio.

-Agustín, “El significado literal del Génesis”

Esta es precisamente la razón por la que necesitamos estar bien informados, no sólo de las enseñanzas de la Palabra de Dios, sino también de las enseñanzas comunes que aparentemente la contradicen, para que estemos en condiciones de defender adecuadamente nuestra fe, tal como manda 1 Pedro 3:15.

Ver ¿Deberíamos enseñar la evolución?

Aunque insistiendo que estaba interpretando la palabra "día" literalmente, en ese último comentario Agustín había tendido a considerar como figurados al menos los tres primeros días (antes de la creación de los cuerpos celestes) — aunque nunca se atrevió a decir cuánto tiempo duraron éstos días “no-literales”. Dos años después de completar su último comentario sobre el Génesis, Agustín escribió en la Ciudad de Dios, "En cuanto a estos “días” es difícil, quizás imposible pensar —y mucho menos de explicar con palabras— lo que significan.”16 Así que su declaración en las Retractaciones indica que todavía al final de su vida no estaba más seguro acerca de su interpretación de los días de la creación, de lo que estaba en sus primeros escritos. Difícilmente se puede citar a Agustín como autoridad para apoyar la perspectiva de que un Día de la Creación equivale a una Edad Geológica, como Ross y Kaiser (con muchos otros) han hecho.

Por todo lo anterior, Agustín no ofrece un apoyo real para argumentar sobre la edad de la tierra. Él mismo admitió su incertidumbre y falibilidad; estuvo significativamente menos preparado sobre el tema que otros teólogos; e incluso cuando se desvió de la clara enseñanza de la Biblia, lo hizo para abrazar la posibilidad de una creación instantánea, y no las ideas sobre la Tierra antigua de su tiempo, y ciertamente no las actuales ideas de “millones de años”, de los proponentes de una Tierra antigua.

También debemos tener en cuenta que la perspectiva de la Tierra joven ha sido, por mucho, la opinión mayoritaria de la iglesia desde que ésta existe—desde hace dieciocho siglos, ya sea desde una perspectiva católica, protestante, u ortodoxa.17

La idea de una Tierra antigua—y las distintas perspectivas comprometedoras desarrolladas para adaptar miles de millones de años al relato de la Creación en una semana no surgió de la Biblia; son los intentos de (en general) cristianos bien intencionados, para integrar con las Escrituras, lo que ellos creen (equivocadamente) que son hechos científicos. Por lo tanto, sin saberlo, están elevando como superiores las especulaciones (impulsadas por el naturalismo) de la ciencia secular sobre la clara enseñanza de la Escritura.18 El resultado diluye tanto la enseñanza de la Escritura, como el carácter de Dios; y va en contra de la ciencia correctamente entendida.

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