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Capítulo 16

¿Realmente vivía la gente como Adán y Noé más de 900 años de edad?

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La Biblia enseña con toda claridad que los primeros patriarcas vivían alrededor de 1.000 años de edad y hasta tenían hijos cuando ya habían vivido varios cientos de años.

“Matusalén vivió 900 años . . . pero estas historias que lees en la Biblia, no son necesariamente así”.1

Así como al compositor estadounidense George Gershwin, a mucha gente le resulta difícil de creer que Matusalén viviera hasta los 969 años de edad. Sin embargo, la Biblia enseña con toda claridad que los primeros patriarcas vivían hasta alrededor de 1.000 años de edad y que tenían hijos a pesar de tener varios cientos de años. También se encuentran menciones similares de largos ciclos de vida en la literatura secular de varias culturas antiguas (que incluyen a los babilonios, griegos, romanos, indios y chinos). Pero incluso una longitud de vida de casi 1.000 años es lamentablemente breve cuando tenemos en cuenta que Dios al principio nos creó con la finalidad de vivir para siempre.

Según la Biblia, Dios creó a los primeros seres humanos, Adán y Eva, sin pecado y con la capacidad de vivir para siempre, a quienes Dios les dio todo lo que necesitaban para su salud y felicidad eterna en el jardín del Edén; pero les advirtió no comiesen del fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal o morirían, como toda su descendencia después de ellos (Génesis 2:16–17). Cuando el engaño de Satanás incitó a Eva a desobedecer la orden de Dios, y luego Adán que desobedeció intencionalmente, sus mentes y cuerpos cambiaron profundamente (Génesis 3). No sólo llegan a estar sujetos a la muerte, sino que su primer hijo (Caín) se convirtió en el primer asesino del mundo. En verdad, la paga del pecado es muerte, física y espiritualmente. Es aleccionador pensar que la Biblia hubiera contenido sólo unas pocas páginas, desde la creación hasta la caída en el pecado, si no fuera por el amor inmerecido de Dios, que prometió y envió al Mesías para salvarnos del pecado y de la muerte (Génesis 3:15; Isaías 25:8; Salmo 49:14–15; 1 Juan 5:13).

Por 1.500 años después de la creación, los hombres vivían vidas tan largas que la mayoría era o contemporáneo del primer hombre, Adán, o personalmente conocían a alguien que lo era. Los diez patriarcas (excluyendo Enoc) que precedieron al gran diluvio vivieron un promedio de 912 años. Lamec murió más joven, a los 777 años de edad, y Matusalén vivió más años, hasta los 969. Véase el cuadro 1.

Cuadro 1. Las edades de los patriarcas desde Adán hasta Noé
  Patriarca Edad Referencia bíblica
1 Adán 930 Génesis 5:4
2 Set 912 Génesis 5:8
3 Enós 905 Génesis 5:11
4 Cainán 910 Génesis 5:14
5 Mahalaleel 895 Génesis 5:17
6 Jared 962 Génesis 5:20
7 Enoc 365 (traspuesto) Génesis 5:23
8 Matusalén 969 Génesis 5:27
9 Lamec 777 Génesis 5:31
10 Noé 950 Génesis 9:29

Sin embargo, durante los 1.000 años después del diluvio, la Biblia registra una disminución progresiva en el tiempo de vida de los patriarcas, desde Noé, que vivió hasta los 950 años hasta Abraham que vivió hasta los 175 (véase la figura 1 y el cuadro 2). De hecho, Moisés llegó hasta los 120 años, y esto era inusual en su tiempo, ya que, al reflexionar sobre la brevedad de la vida, dijo: “Los días de nuestra edad son setenta años; y si en los más robustos son ochenta años, Con todo, su fortaleza es molestia y trabajo, porque pronto pasan, y volamos” (Salmo 90:10).

Cuadro 2. Las edades de los patriarcas después de Noé hasta Abraham
  Patriarc Edad Referencia bíblica
11 Sem 600 Génesis 11:10–11
12 Arfaxad 438 Génesis 11:12–13
13 Sala 433 Génesis 11:14–15
14 Heber 464 Génesis 11:16–17
15 Peleg 239 Génesis 11:18–19
16 Reu 239 Génesis 11:20–21
17 Serug 230 Génesis 11:22–23
18 Nacor 148 Génesis 11:24–25
19 Taré 205 Génesis 11:32
20 Abraham 175 Génesis 25:7

En la lista de los reyes sumerios encontramos evidencia extra bíblica que apoya los largos ciclos de vida de las personas en el Génesis. Esta lista menciona cierto diluvio y habla de la extensión de los reinos de los reyes antes y después de tal diluvio. Hay muchos paralelismos sorprendentes entre la Lista de los reyes sumerios y el Génesis, tales como un diluvio, paralelos numéricos entre los patriarcas antediluvianos bíblicos y los reyes antediluvianos, y una disminución sustancial en la vida de las personas que vivieron después del diluvio.2 Cierto autor de este tema concluye: “Es muy poco probable que el relato bíblico se derive del sumerio, por causa de las diferencias de entre los dos relatos, y la evidente superioridad del registro de Génesis en la precisión numérica, el realismo, la terminación, y las cualidades morales y espirituales”.2 Es más probable que la lista de los reyes sumerios haya sido compuesta basándose en el Génesis para la información numérica. Es obvio que la persona que lo haya utilizado tuvo que haber creído que el relato del Génisis era un verdadero relato histórico que contenía información precisa.

Decline in Ages at Death

Hoy en día, el promedio máximo de vida del hombre es de 120 años,3 y nuestro promedio de vida es todavía sólo 70-80 años, tal y como era cuando el Salmo 90 fue escrito hace 3.400 años. La precipitosa caída en el promedio de vida después del diluvio sugiere que algo cambió al acontecer el diluvio, o poco después, que fue el causante de la reducción de vida. El gráfico de líneas revela la curva exponencial de esta reducción (véase la figura 1). A la tasa de decaimiento exponencial a menudo se le llama tasa de decaimiento “natural”, ya que se observa con frecuencia en la naturaleza. Por ejemplo, ésta es la curva de decaimiento que vemos cuando los organismos vivos son expuestos a dosis letales de sustancias tóxicas o a radiaciones. Dado que es poco probable que quienes vivieron en los tiempos pre-diluvianos estuviesen familiarizados con las curvas de decaimiento exponencial es, por lo tanto, poco probable que estas fechas fuesen inventadas.

El registro fósil revela que antes del diluvio, la mayor parte de la tierra parece haber tenido un tipo tropical de medio ambiente. Después del diluvio, se produjo un claro cambio ambiental que resultó en la era de hielo que cubrió casi el 30 por ciento de la tierra con hielo (principalmente en las latitudes del norte). Esto, junto con otros cambios después del diluvio, pudo haber afectado el promedio de vida de manera adversa.

Causas biológicas del envejecimiento

¿Qué exactamente es lo que causa este proceso de envejecimiento en nuestro cuerpo? Aunque el mecanismo de envejecimiento (y su prevención) ha sido el objeto de investigación biomédica durante mucho tiempo, la ciencia todavía no tiene la respuesta definitiva a esta pregunta. Al comienzo de este siglo, se creía que el envejecimiento no involucraba directamente a las células vivas de nuestro cuerpo, sino más bien que era un fenómeno extracelular. Se creía que las células vivas normales, siendo bien nutridas, podrían crecer y dividirse indefinidamente fuera de nuestro cuerpo. Esta idea fue rebatida por Leonard Hayflick en 1961, que cultivó células humanas fuera del cuerpo en platos de cristal cerrados que contenían los nutrientes necesarios. Hayflick descubrió que las células cultivadas de esta manera normalmente morían después de alrededor de 50 divisiones celulares (el límite de Hayflick). Esto sugiere que incluso las células individuales de nuestro cuerpo son mortales, aparte de cualquier otra influencia corporal.

Determinantes genéticos

Tanto el envejecimiento como la duración de la vida son procesos que tienen determinantes genéticos que son únicos y que se superponen.4 Aproximadamente 20 a 30 por ciento de los factores que afectan la duración de la vida se cree que son hereditarias y, por lo tanto, genéticas.

Mutaciones y embotellamientos genéticos

Una mutación es cualquier cambio en la secuencia del ADN.5 Toda mutación conocida causa pérdida de información. Se ha dicho que la velocidad a la que se producen todos los tipos de mutaciones por generación es mayor a 1.000.6 Heredamos mutaciones de nuestros padres y también desarrollamos nuestras propias mutaciones; posteriormente, pasamos una porción de ellas a nuestros hijos. Por lo tanto, es concebible en las muchas generaciones entre Adán y Moisés que un gran número de mutaciones habría estado presente en cualquier individuo dado.

Embotellamientos genéticos (o embotellamientos poblacionales) ocurren cuando una porción significativa de cierta población muere o es aislada. Un embotellamiento semejante ocurrió en el diluvio de Noé, cuando la población humana fue reducida a ocho personas (Génesis 6–9). Ocurrieron otros embotellamientos más pequeños que siguieron a la dispersión de la Torre de Babel (Génesis 11). Estos eventos han dado lugar a una importante reducción de variedad genética.

Para cada gen hay dos o más versiones llamadas alelos. Esto es análogo al color rojo (gen) pero con diferentes tonos de rojo - alelos claros y obscuros. Es posible que los alelos “buenos” (no mutados) enmascaren u oculten “malos” alelos (mutados). Sin embargo, en una población más pequeña con menos variación alélica, esto viene a ser más difícil de lograr y, por lo tanto, los alelos mutados tienen un efecto mayor.

Aunque Noé vivió 950 años, su padre, Lamec, vivió sólo 777 años (aunque no sabemos si murió de vejez). Además, no sabemos cuánto tiempo vivió la mujer de Noé, pero Sem, el hijo de Noé, sólo vivió 600 años. Teniendo en cuenta que el tiempo de vida más largo registrado de alguien que nació después del diluvio fue el de Heber con 464 años, parece ser que las mutaciones y los embotellamientos genéticos tuvieron efectos graves sobre el envejecimiento y la duración de la vida.

Ejemplos de determinantes genéticos que afectan el envejecimiento y el periodo de vida

Aunque se dice que muchos factores genéticos afectan el envejecimiento y la duración de la vida, estos procesos siguen siendo en gran parte un misterio. Se puede pensar en el envejecimiento como el aumento de la susceptibilidad a los factores de estrés internos (es decir, a los agentes que dañan el ADN) y externos (es decir, a las bacterias que causan enfermedades) debido a una disminución en el mantenimiento, la reparación y los sistemas de defensa del cuerpo.

Por ejemplo, se necesitan sistemas de reparación de ADN para proteger el genoma (todo nuestro ADN) de mutación. Xeroderma pigmentosum (XP) es una enfermedad genética causada por un sistema de reparación de ADN deficiente (debido a las mutaciones) que normalmente repara mutaciones causadas por la luz ultravioleta. Los individuos con esta enfermedad deben limitar severamente su exposición a la luz solar. Las superficies exteriores del cuerpo, como la piel y los labios comúnmente muestran signos de envejecimiento prematuro.7 Si bien éste es un ejemplo extremo, cualquier mutación que disminuye la eficiencia de nuestros sistemas de mantenimiento, reparación y defensivos, probablemente conducirá a un envejecimiento más rápido y a la reducción del lapso de vida.

Se cree que los telómeros, secuencias repetitivas y largas de ADN en los extremos de los cromosomas humanos, desempeñan un papel importante en el envejecimiento. Con cada división de la célula, los telómeros se acortan debido a la incapacidad de la enzima que copia el ADN para recorrer todo el camino hasta el final del cromosoma.8 Cuando los telómeros se vuelven muy cortos, la célula deja de dividirse. Esta limitación sirve plausiblemente como un mecanismo de control de calidad. Las células más viejas acumularán muchas mutaciones en su ADN y su continua división puede conducir a enfermedades como el cáncer. La mayoría de las células del cuerpo no pueden replicarse indefinidamente, lo que conduce al envejecimiento y eventualmente a la muerte. Por lo tanto, los telómeros son importantes en la determinación de la duración de la vida de los tipos de células que afectan directamente al envejecimiento.

Es difícil de precisar cuáles son los determinantes genéticos de la duración o longevidad de la vida, aunque se determinen que los genes estén asociados con personas que viven por muchos años, su papel real en el aumento de la longitud de vida es desconocido. Los estudios genéticos de centenarios (personas que han vivido más de 100 años) han producido varios genes de candidatos posibles de longevidad. El gen de la apolipoproteína E (APOE), importante en la regulación del colesterol, tiene ciertos alelos que son más comunes entre los centenarios.9 Esto también acontece con ciertos alelos del factor de crecimiento similar a la insulina 1 (IGF1), importante en la proliferación celular y la muerte celular y superóxido dismutasa (SOD), importantes en la descomposición de los agentes que dañan el ADN.9 Es posible que los alelos asociados con los centenarios reflejen más de cerca la composición genética de los individuos con larga vida de hace 6.000 años atrás. Aun así, estos alelos muestran los efectos de la maldición ya que hoy la edad máxima alcanzable es de alrededor de 120 años.

La teoría de la evolución y la genética del envejecimiento y la duración de la vida.

La teoría de la evolución tiene dificultades para explicar el envejecimiento y la duración de la vida. El envejecimiento a menudo se ve como algo por defecto. Se seleccionan los genes a base de cómo benefician a un individuo en sus años jóvenes de reproducción, o como el “‘período de garantía’ [que] es el tiempo necesario para cumplir el propósito darwiniano de la vida en términos de éxito de reproducción para la continuidad de las generaciones”.10 Sin embargo, estos mismos genes pueden ser perjudiciales en general, que causan el envejecimiento y eventualmente la muerte.

El problema para la teoría de la evolución es que los genes de longevidad son seleccionados. Para hacer frente a esta aparente dicotomía, algunos evolucionistas han sugerido que la selección de genes de longevidad sirve al propósito en que los individuos de larga vida pueden cuidar a más de sus descendientes, y esto se conoce como el “efecto abuela”.11 El problema es que cualquier teoría que sea tan flexible e intente dar cuenta de todo, no es una teoría muy buena.

Los genes asociados con el envejecimiento y la duración de la vida han sido afectados como consecuencia de la caída, ya sea directamente a través de mutaciones o indirectamente a través de los embotellamientos genéticos. La medicina moderna y las terapias antienvejecimiento pueden retardar el proceso de envejecimiento y prolongar la duración de nuestra vida, pero nunca erradicarán el fin último—la muerte. Sólo Jesucristo, que conquistó a la muerte, puede prometer la vida eterna con Él a todos los que creen (Romanos 6:23, 10:9).

Determinantes fisiológicos

En cierto sentido, la mayor parte de la sustancia de nuestro cuerpo en realidad no continúa envejeciendo durante nuestra vida: un gran número de partes de nuestro cuerpo están en constante reparación y sustitución de sí mismos. Las células epidérmicas que cubren toda la superficie de la piel, por ejemplo, nunca se hacen mayores a un mes. Las nuevas células se producen continuamente (por división celular) al interior de la epidermis, mientras que las mayores se desprenden continuamente en la superficie. Del mismo modo, las células que recubren los intestinos se reemplazan completamente a sí mismos cada 4 días; nuestros glóbulos rojos de la sangre se sustituyen por completo aproximadamente cada 90 días; y nuestros glóbulos blancos se reemplazan cada semana.

Incluso las células que nunca (o casi nunca) se dividen, como las células del músculo cardíaco y las células cerebrales, se renuevan molécula a molécula. Se cree que poco o nada en nuestro cuerpo es más de alrededor de 10 años de edad. De este modo, gracias a la renovación celular y a la sustitución, la mayoría de los órganos en el cuerpo de un hombre de 90 años de edad, son tal vez no mayores a los de un niño. De hecho, se podría decir que nuestro cuerpo en realidad nunca envejece.

Es algo así como la historia de “El hacha del abuelo”. Al parecer un hombre tenía una vieja hacha que pendía sobre su chimenea y que según él había sido pasado en su familia durante cinco generaciones. Cuando se le preguntó qué edad tenía el hacha, dijo que no estaba seguro porque a pesar de que su tátara-tatarabuelo compró el hacha hacía aproximadamente 300 años, también sabía que en los últimos años, el hacha había tenido 6 nuevas cabezas y 12 nuevos mangos. Nuestros cuerpos son algo así como el hacha del abuelo en el que también nosotros estamos reemplazando constantemente “cabezas y mangos”, y en cierto sentido nunca envejecemos.

¿Cómo es que sea posible que alguien envejezca y muera si el cuerpo constantemente hace reparaciones y sustituye sus partes?

A este punto quisiéramos tal vez preguntar, ¿por qué murió tan joven Matusalén? ¿Y en serio, cómo es que sea posible que alguien envejezca y muera si el cuerpo constantemente hace reparaciones y sustituye sus partes? Pues, si nuestro automóvil pudiera hacer esto, esperaríamos que dure para siempre. Parte de la respuesta podría ser que ciertas partes claves de nuestro cuerpo no logran repararse o reemplazarse a sí mismos. Nuestras células del músculo cardíaco de importancia crítica, por ejemplo, dejan de multiplicarse, repararse o reemplazarse a sí mismos después de su nacimiento (aunque, como todas las células musculares, pueden aumentar de tamaño). Ésta es la razón por la que cualquier interrupción en el suministro de sangre al músculo del corazón durante un ataque cardiaco conduce a la muerte permanente de esa parte del corazón. La mayoría de las células nerviosas del cerebro, incluyendo las de nuestro ojo y el oído interno, fracasan al multiplicarse o repararse a sí mismas. Desde el momento de nuestro nacimiento hasta el final de nuestra vida, perdemos miles de células nerviosas muy cerca de nuestro sistema nervioso central, y nunca podemos reemplazarlos. A medida que envejecemos, esto produce una pérdida progresiva de nuestra capacidad para oír, ver, oler, probar, y . . . ahh . . . algo más, pero no lo puedo recordar.

Lo importante es que la ciencia no ofrece ninguna esperanza de vida eterna, ni siquiera una prolongación significativa de la vida. Se estima que aun si se encontraran curas completas, o prevenciones, para los tres asesinos principales (cáncer, accidente cerebrovascular y enfermedad coronaria), la máxima longitud de vida del hombre no se incrementaría (aunque la mayoría se aproximaría a este máximo). Y estas personas longevas seguirían debilitándose progresivamente con la edad, ya que los componentes críticos de su cuerpo siguen deteriorándose.

Podemos concluir que no es la ciencia, sino la Palabra de Dios que tiene la solución completa al problema del envejecimiento y la muerte. La solución ha sido “manifestada por la aparición de nuestro Salvador Jesucristo, el cual quitó la muerte y sacó a luz la vida y la inmortalidad por el evangelio” (2 Timoteo 1:10).

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Referencias y Notas

  1. George Gershwin, “No es necesariamente así” [It Ain't Necessarily So], Porgy & Bess, 1934.
  2. Raúl López, “Los patriarcas antediluvianos y la lista de los reyes sumerios” [The Antediluvian Patriarchs and the Sumerian King List], CEN Technical Journal 12, no. 3 (1998): p. 347–357.
  3. Cabe señalar que Génesis 6:3 no se refiere a Dios decretando una vida máxima de 120 años para las personas. Si esto fuese así, entonces la Biblia estaría errada ya que muchas personas han vivido más de 120 años. Más bien, se refiere al tiempo desde cuando Dios determinó destruir a la humanidad hasta cuando Dios envió el diluvio global.
  4. T. Perls y D. Terry, “La genética de una longevidad excepcional” [Genetics of Exceptional Longevity], Gerontología Experimental [Experimental Gerontology] 38 (2003): 725–730.
  5. Véase el capítulo 7, que proporciona una visión general de las mutaciones.
  6. J. Sanford, La entropía genética y el misterio del genoma [Genetic Entropy and the Mystery of the Genome] (New York: Ivan Press, 2005), p. 37.
  7. DermNet NZ, “Xeroderma pigmentosum,” www.dermnetnz.org/systemic/xeroderma-pigmentosum.html.
  8. P. Monaghan y M. Haussmann, “¿Vincula la dinámica de los telómeros el estilo de vida y la longitud de vida?” [Do Telomere Dynamics Link Lifestyle and Lifespan?] TENDENCIA en Ecología y Evolución 21 [TRENDS in Ecology and Evolution 21] (2006): 47–53.
  9. K. Christensen et al., “La búsqueda de los determinantes genéticos de la longevidad humana: retos y perspectivas” [The Quest for Genetic Determinants of Human Longevity: Challenges and Insights], Revisiones de la naturaleza, genética 7[Nature Reviews Genetics 7] (2006): 436–448.
  10. S. Rattan, “Teorías sobre el envejecimiento biológico: genes, proteínas y radicales libres” [Theories of Biological Aging: Genes, Proteins, and Free Radicals], Investigación de radicales libres 41 [Free Radical Research 41] (2006): 1230–1238.
  11. W. Browner et al., “La genética de la longevidad humana” [The Genetics of Human Longevity], El diario Americano de medicina 11 [The American Journal of Medicine 11] (2004): 851–860.

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