Tres enigmas que la evolución no puede resolver

Nota del Editor: Este artículo fue publicado originalmente en la revista Answers.

Durante más de un siglo los cristianos han buscado una solución científica definitiva que destruya la evolución darwiniana y demuestre que la creación bíblica es verdadera. Ya sabemos en virtud de la Palabra revelada e infalible de Dios cómo surgió el universo, la tierra y toda vida: Él dijo que existieran (Génesis 1, Éxodo 20:11, Hebreos 11:3). Este hecho por sí solo refuta la evolución darwiniana. Sin embargo, en un mundo en el cual los investigadores seculares rechazan la revelación sobrenatural y divina, muchos cristianos se siguen sintiendo obligados a proporcionar evidencia empírica (observable y repetible) para confirmar lo que se afirma en la Biblia.

El problema es que ni la creación ni la evolución son observables o repetibles. Así como la ciencia empírica por sí sola no puede demostrar un evento histórico único y milagroso, tampoco puede demostrar la evolución. Más bien, debemos hacer suposiciones, y nuestras conclusiones serán tan buenas como lo sean nuestras suposiciones iniciales.

El asunto no es la evidencia, sino cómo interpretamos la evidencia a través de nuestra cosmovisión. ¿Le da sentido al mundo que observamos hoy nuestra cosmovisión?

La evolución se basa en una suposición inicial defectuosa, en tanto que la creencia en la creación se basa en hechos revelados por el único testigo ocular: el Creador mismo.

La Palabra de Dios dice que siempre debemos estar listos “. . . para presentar defensa . . . ante todo el que os demanda razón de la esperanza que hay en vosotros” (1 Pedro 3:15). Cuando testificamos a los incrédulos, debemos desafiar su cosmovisión y mostrar cómo la cosmovisión bíblica le da un mejor sentido a nuestro mundo.

Tres enigmas biológicos no tienen respuesta desde el punto de vista de la evolución, pero tienen sentido dentro de la cosmovisión bíblica:


Vida a partir de la no vida

“La vida viene de la vida” es una ley fundamental de la biología; no obstante, la formación del primer ser viviente debe violar esta ley. El cómo podría suceder esto todavía sigue desconcertando a los científicos.

Por Kevin Anderson

Al comienzo de mi primer curso de biología en la universidad, estudiamos la evidencia que refuta la generación espontánea, esto es la idea que una “fuerza vital” atmosférica pueda organizar espontáneamente material orgánico inanimado en seres vivos. Los gusanos podrían formarse de carne podrida. Los ratones podrían fabricarse a partir de un montón de ropa.

Aristóteles propuso una primera versión de la generación espontánea que fue popular incluso hasta el siglo XIX. En esa época, los experimentos de Louis Pasteur y otros demostraron la ley fundamental de la biología moderna, esto es, la biogénesis (la vida sólo viene de la vida). El apoyo a la teoría de la generación espontánea perdió gradualmente popularidad. . . bueno, si es que podemos hablar de que perdió popularidad.

Curiosamente, hacia el final de ese mismo curso de biología se nos enseñó que la vida puede haber surgido originalmente por generación espontánea. ¿Confuso? Supuestamente, la vida podría haber surgido en el pasado lejano en condiciones únicas, a diferencia de las que se encuentran hoy en la tierra. En otras palabras, la vida no se forma espontáneamente hoy en día, pero deben haber existido condiciones desconocidas antes en la historia de la tierra.

La única evidencia real dada para esta afirmación es el simple hecho de que la vida existe. Debe haber venido de algún lugar, pero la posibilidad de un Creador es completamente inaceptable para la mente secular. Por lo tanto, la vida debe haber sido originada por un evento natural, espontáneo. ¿Sin embargo, es ésta una solución científica?

Los investigadores de todo el mundo han estado persiguiendo prácticamente todas las posibilidades imaginables. Han gastado miles de millones de dólares buscando agua en Marte, asumiendo aparentemente que el agua también significa que habrá vida. Los experimentos creativos han producido algunas moléculas orgánicas y algunas secuencias de aminoácidos extrañamente estructuradas. Un artículo que apareció recientemente en la revista “Nature Chemistry” (Química de la naturaleza) propone que una amplia variedad de moléculas orgánicas podrían formarse a partir de una sola reacción básica. El popular sitio de ciencias Phys.org incluso anuncia este supuesto logro como “haber resuelto el enigma de cómo comenzó la vida”.

SI BIEN SE SIGUEN OFRECIENDO MUCHAS ESPECULACIONES AL RESPECTO, UN MECANISMO NATURAL PARA LOS ORÍGENES DE LA VIDA ES HOY MÁS ELUSIVO QUE NUNCA.

Sin embargo, un simple hecho permanece: la comunidad científica se aferra a resultados triviales. El unir unos cuantos aminoácidos, encontrar agua en Marte o material “orgánico” en meteoritos, o incluso fabricar numerosas moléculas a partir de una reacción, aún no está creando vida. Ni siquiera se está acercando. La vida es un sistema de funcionamiento extraordinariamente complejo y sofisticado, no sólo un conjunto de moléculas orgánicas diversas.1 A pesar de décadas de especulación, imaginación creativa e incalculables millones de dólares gastados en investigación, el origen espontáneo de la vida a partir de procesos naturales parece simplemente más imposible que nunca.

Para demostrar algo, hago el siguiente desafío. Dejaré que los investigadores usen todas las moléculas necesarias que quieran; todas las moléculas que se encuentran en sistemas vivos (como por ejemplo, azúcares, aminoácidos y lípidos). Incluso les concederé todas las estructuras biológicamente correctas de estas moléculas y la ausencia de sustancias químicas que puedan inhibir las reacciones clave.2 De hecho, ninguna de estas condiciones es realista en un escenario natural, pero eso demuestra aún más mi punto de vista. Incluso concediendo lo irreal, la vida no se formará de manera espontánea.

Tal vez podríamos perdonar a los primeros investigadores (incluso Darwin) por imaginar un origen simple de los organismos vivos. Cuando se veía el universo como una matriz fértil que permitía a las moscas salir espontáneamente de carne en mal estado, era natural asumir que la formación de la vida no era un asunto importante. De hecho, se consideraba el origen espontáneo de la vida como algo casi inevitable.

Si bien la evolución darwiniana no pretende responder preguntas sobre el origen de la vida, su objetivo es ofrecer una explicación natural acerca de la diversidad de toda la vida en la tierra (después de que comenzara). A medida que el darwinismo ganó popularidad durante el siglo XIX y principios del siglo XX, la gente simplemente asumió que las mismas fuerzas naturales que producían la diversidad también podrían haber fabricado los primeros organismos vivos.

Los primeros investigadores consideraban las células como simples “bolsas de enzimas”, y sólo comprendían algunas reacciones básicas dentro de una célula. La vida era poco más que la mezcla correcta de ingredientes. Conseguir la mezcla correcta y la vida era inevitable. Dentro de su vacío de comprensión, muchas cosas parecían plausibles. La brecha entre los mundos vivos y los mundos no vivientes no parecía demasiado grande.

Sin embargo, salvar esta brecha no sólo ha seguido siendo algo elusivo, sino que ha desaparecido completamente de la vista. Los hallazgos de las últimas décadas han movido la extensión del “puente para salvar la brecha” más allá del horizonte. En lugar de ofrecer una mayor comprensión del origen de la vida, los descubrimientos recientes han detallado aún más el tamaño intimidante de esta brecha. Las “bolsas de enzimas” han demostrado ser un sistema extraordinariamente sofisticado que no tiene contrapartida en la tecnología más avanzada de la humanidad.

Los hallazgos de la genética contemporánea, la biología celular, la epigenética, la biología molecular y la bioquímica colocan a la vida más allá del alcance de los meros procesos naturales. Aunque todavía se ofrecen muchas especulaciones y se siguen gastando millones de dólares en esta infructuosa búsqueda, un mecanismo natural para los orígenes de la vida sigue siendo más elusivo que nunca. El mecanismo existe sólo en la imaginación del “verdadero creyente”—está lejos de ser una solución científica.

Un origen espontáneo de vida no ha podido responder ante las pruebas científicas más básicas; nunca se ha podido observar tal origen espontáneo. Por otra parte, observamos constantemente que sólo la vida produce la vida. Después de verificar en repetidas ocasiones, nunca ha habido una excepción. Ésta es la razón por la cual la biogénesis es una ley científica. Entonces, ¿cómo no es científico decir que la vida surgió originalmente de otra vida (que sucede todo el tiempo)? Dios, que es la vida, produjo la primera vida.

Si los investigadores alguna vez crean vida en el laboratorio a partir de los componentes más elementales, seguirán sin alcanzar su meta. Su logro utilizará componentes ya preexistentes y estará basado en décadas de investigación y comprensión científica. No será un evento espontáneo, sino un proceso cuidadosamente controlado y diseñado. El logro no será una síntesis de la vida, sino que, más bien, un re ensamblaje semi-sintético de la vida.

Sin embargo, a raíz de dicho logro, es muy probable que los titulares de los medios después de ello proclamen el logro como una prueba de que ningún creador era necesario para formar la vida originalmente. En realidad, este acontecimiento demostraría lo contrario: la formación de la vida requiere inteligencia y una cantidad extensa de conocimiento. Al estudiar y comprender la vida, los científicos seculares simplemente están tratando de copiarla.

Estos investigadores simplemente habrían plagiado los sistemas de vida que ya existen. No obstante, como sucede a menudo con los plagiadores, ellos intentarán negar al autor original. Inadvertidamente, sin embargo, dicho éxito dará honor al Creador original, cuya obra es digna de copiar.

Kevin Anderson obtuvo su doctorado en microbiología, y posteriormente fue un Becario Postdoctoral de N.I.H. (National Institutes of Health) y profesor universitario. Desde 2003 ha servido como director del Centro de Investigación de la Creación Van Andel. También es editor en jefe de Creation Research Society Quarterly y ha escrito más de 25 artículos en revistas técnicas revisadas por sus pares.

Información de la vida

La vida es más que todas las partes físicas trabajando al unísono—requiere de información para hacer funcionar las piezas. Los científicos todavía no entienden de dónde podría haber venido esta información.

Por Brian A. Catalucci

Explicar la vida requiere mucho más que la generación espontánea de nuevas características físicas complejas, como el primer ADN, las células, los órganos y los cerebros. La vida también requiere de algo inmaterial: grandes cantidades de instrucciones almacenadas en el ADN. Esto está separado e independiente del mundo físico, pero igualmente esencial para cualquier forma de vida.

¿De dónde proviene toda la información? Hasta donde saben los científicos, la información sólo proviene de información preexistente. Así que éste es uno de los enigmas más difíciles e irresolubles para la evolución darwiniana, y una de las más poderosas evidencias que confirma el relato bíblico de la creación.

¿Qué es la información?

¿Qué se entiende por información? En pocas palabras, la información es una entidad conceptual, no material (algo que existe) que transmite significado, que puede usarse para fabricar algo, hacer algo o comunicar algo.

Es el ingrediente básico de producir algo funcional en este mundo, y la clave de la funcionalidad es la organización. La información es necesaria para construir cualquier sistema organizado, como por ejemplo, una máquina. Es la piedra angular fundamental del universo creado. Sin información sería imposible fabricar, hacer o comunicar algo, y la vida misma no podría existir.

El único lugar donde puede originarse la información es de una fuente más alta de información. Mi trabajo como informático es una buena ilustración. Si usted desea construir un sistema informático, toda la información que entra en ese sistema debe provenir de una fuente más alta de información: un diseñador de computadoras y un ingeniero de software.

Para descubrir esa fuente más alta de información para nuestro universo entero, debemos buscar la respuesta en la Biblia. En Juan 1:1, la Palabra de Dios dice: “En el principio era el Verbo [Cristo]”, y en Colosenses 2:3, “en quien [Cristo] están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento”. La sabiduría y el conocimiento incluyen información. De este modo, según la cosmovisión cristiana, cada bit de información en nuestro universo existía antes de la creación, porque estaba oculto (contenido) en Jesucristo.

En Génesis 1 y el Salmo 33, la Biblia revela claramente que Jesús habló a Su universo ordenándole que existiera a través de Su Palabra: toda la masa, toda la energía y, por supuesto, toda la información.

Toda la información existía antes de la creación del universo material, surgiendo sólo del Dios bíblico inmaterial (Juan 4:24). La información es una entidad inmaterial fundamental, separada de la masa y la energía. Esto significa que la información no tiene existencia material o física. No se puede ver, tocar, oler o probar. Usted no puede pesarla en una balanza como una bolsa de azúcar ni almacenarla en su refrigerador. No obstante, es tan real como cualquier entidad física o material que exista, y tiene más importancia y poder que cualquier entidad física o material que exista.

Existen otras entidades inmateriales importantes. Primero y ante todo está Dios. Las demás son productos de la información, lo que yo llamo los hijos de la información, incluyendo la lógica, las matemáticas, las leyes de la ciencia, los pensamientos, las emociones, la moralidad, la verdad, la justicia, el amor, el odio, la inteligencia y la conciencia por nombrar algunos. Las cosas más importantes y útiles en nuestro universo no tienen existencia física, pero las usamos en cada momento de nuestras vidas. Lo mismo ocurre con todas las plantas, insectos, aves y animales que existen.

El lenguaje invisible de la vida

Los puntos y guiones del código Morse están organizados en palabras en los libros. De la misma manera, las moléculas de ADN almacenan información para proteínas complejas utilizando cuatro nucleótidos. ¿De dónde vino este lenguaje?

El lenguaje invisible de la vida

Puntos y guiones de código Morse se organizan en palabras en los libros. De la misma manera, las moléculas de ADN almacenan información para proteínas complejas utilizando cuatro nucleótidos. ¿De dónde viene este lenguaje?

Language

La conexión especial de la información con la materia

Puesto que la información no es una propiedad de la materia, una roca no contiene ni crea información. Curiosamente, para almacenar, usar o mostrar información en nuestro mundo, se necesita un medio material: un trozo de papel para mostrar palabras escritas, un diagrama para detallar el diseño de un Boeing 747, un DVD para almacenar canciones y películas, ADN para registrar las instrucciones de la proteína, y su cerebro para saber cómo conducir un vehículo.

Esta característica inmaterial de la información es fácil de demostrar. Por ejemplo, todos los teléfonos celulares requieren de un computador que ejecute un programa de software (la información) para controlar todas las funciones del teléfono. Si usted pesa el teléfono, tiene un peso específico (es decir, 4,6 onzas o 130 g). Si elimina el programa de software (miles de millones de bits de información), el teléfono tiene el mismo peso, pero ahora es sólo un trozo inútil de metal, silicio y plástico.

Sin información, nada en este universo viviría, operaría o se comunicaría. Por ejemplo, un Boeing 747 tiene más de seis millones de piezas pero no puede volar sin información inmaterial y organizada. Supongamos que todas estas partes podían ser fabricadas y ensambladas por casualidad sin el conocimiento previo de la aerodinámica y la ingeniería—las piezas seguirían sin poder volar. Se necesita mucha más información para alimentar la máquina con combustible y luego volar en forma segura de Chicago a Beijing.

Una conclusión interesante

Esto lleva a una interesante conclusión: la información es una evidencia importante que refuta la cosmovisión evolucionista y materialista y confirma de manera sólida la cosmovisión bíblica.

Usted puede ver que la información está en toda la vida: está contenida en el ADN de cada célula viva de cada planta, animal y ser humano en esta tierra. Es el plan maestro modelo que le dice a una célula cómo crecer, reproducirse y operar. Explica por qué usted creció con el cuerpo de un ser humano y no con el de una zanahoria.

El ADN es el programa de computadora y el sistema de bases de datos más complicado e intrincadamente organizado que existe. Es también el mecanismo de almacenamiento de información más compacto conocido por el hombre. La pregunta es: ¿de dónde vino toda su información y programación?

La evolución depende de procesos no guiados, aleatorios y accidentales durante millones de años. Sin embargo, nunca se ha demostrado en forma concluyente que las mutaciones y la selección natural añadan el tipo de información genética que se requiere para producir vida. En el mejor de los casos, se limitan a barajar la información existente. De hecho, las mutaciones y la selección natural a menudo sacan información del ADN.

Los científicos seculares deben responder a las siguientes preguntas: “¿Cómo podría un sistema puramente materialista como la evolución añadir información inmaterial al sistema informático del ADN para cambiar un tipo de criatura en otro?”. Asimismo, “¿cómo obtuvo la primera célula el sistema de información y control necesario para alimentar sus “motores” y mantenerlos en funcionamiento (metabolismo)? “Los evolucionistas darwinistas aún tienen que responder estas preguntas.

Las entidades materiales no pueden crear entidades inmateriales. El hidrógeno y las rocas no crean información contenida dentro de las moléculas de ADN. En el libro In the Beginning Was Information (En el principio había sólo información), el Dr. Werner Gitt, un renombrado especialista en teoría de la información, mostró que sólo las entidades inmateriales (como por ejemplo, Dios y el espíritu del hombre) pueden crear nueva información. Esto da un fuerte apoyo a la cosmovisión bíblica.

Por consiguiente, podemos descansar cómodamente en nuestros Boeing 747, sabiendo que seres inteligentes los construyeron en forma segura a partir de información muy bien organizada y detallada que el Creador colocó en el universo para nuestro beneficio y Su gloria. La evidencia de la sabiduría de Dios está a nuestro alrededor, no sólo en el mundo físico sino que también en la información intangible que mantiene la vida funcionando.

Brian A. Catalucci tiene un Máster en Ciencias Informáticas e Ingeniería de la Universidad de Colorado en Boulder. Actualmente, es un orador adjunto de Respuestas en Génesis y en la actualidad está trabajando en su tesis doctoral en teología y apologética.

Recursos

W. Gitt, In the Beginning Was Information, third English ed. (Christliche Literatur-Verbreitung Bielefeld, 2001), 47.

W. Gitt, B. Compton, and J. Fernandez, Without Excuse (Atlanta, Georgia, USA: Creation Book Publishers, 2011), 119, 124, 129, 285.


Complejidad irreducible

La evolución darwiniana requiere que cada componente complejo de la vida vaya surgiendo paso a paso. Los descubrimientos de la genética y la biología celular han puesto de manifiesto esta imposibilidad que los científicos todavía no pueden explicar.

Por Nathaniel Jeanson

Cuando Charles Darwin publicó El origen de las especies por medio de la selección natural, insistió en que la evolución se produjo sólo en pequeños pasos, no a grandes saltos. Este elemento era tan importante que lo convirtió en la prueba definitoria de la evolución: “Si se pudiese demostrar que existió un órgano complejo, que no pudo haber sido formado por modificaciones pequeñas, numerosas y sucesivas, mi teoría se destruiría por completo” [énfasis agregado].3

Desde 1859, los descubrimientos de la genética y biología celular han derrumbado la teoría de Darwin, de una manera que él nunca habría imaginado.

Células irreduciblemente complejas

Consideremos el almacén de información de la célula, el ADN. Una de las formas en que la célula intenta satisfacer sus necesidades cambiantes es extrayendo información del ADN. Para ello, la célula debe localizar las instrucciones apropiadas rápidamente en la hebra correcta y luego expresarlas en el momento adecuado para abordar los problemas correctos. Sin las herramientas de localización y sincronización celular ya presentes, la información en el ADN sería inaccesible e inútil para la célula, y la célula a la larga dejaría de existir. Sin células, la evolución estaría muerta.

Este enigma evolutivo sólo empeora. Para ejecutar las instrucciones codificadas en el ADN, la célula copia secciones del ADN en un tipo totalmente diferente de molécula, llamada ARN. A fin de asegurarse que el ARN realiza su tarea apropiada, la propia molécula de ARN está sujeta a una serie de controles reguladores. Las instrucciones especiales se extienden por toda la molécula para proteger la integridad de la información. Retiremos los controles regulatorios, y se desatará el caos. ¿Cómo podría la evolución construir el proceso de transferencia de información por modificaciones pequeñas, numerosas y sucesivas?

Finalmente, en una célula normal y sana, el ARN se traduce químicamente a la larga en otro lenguaje celular: el de las proteínas. Los organismos producen miles, incluso decenas de miles, de proteínas para realizar funciones variadas. Estas minúsculas máquinas transportan moléculas de una sección de la célula a otra, transforman otros productos químicos para extraer energía, envían señales a diversas partes dentro de la célula; ayudan a la célula a dividirse en dos células—y la lista sigue y sigue. Traducir el ARN en proteína requiere de un anfitrión de las partes celulares, lo cual presenta, no obstante, otro obstáculo para la evolución paso a paso. Sin proteínas, el origen evolutivo de las especies nunca ocurriría.

A pesar de lo fascinante que puedan ser estos ejemplos, ellos apenas rozan la superficie de la complejidad irreducible encerrada en cada célula.4 Si estas ilustraciones simplificadas hunden la teoría de la evolución, ¿qué esperanza tiene Darwin en el vasto océano de los sistemas complejos interdependientes?

Todo o nada

Casi todas las criaturas vivas hoy requieren que la información fluya desde el ADN pasando por el ARN hacia las proteínas. Éstos son tres tipos muy diferentes de moléculas, pero ninguno de ellos puede funcionar sin los otros dos. El ADN depende del ARN y de las proteínas para funcionar; el ARN depende del ADN y de las proteínas; y las proteínas dependen del ADN y del ARN.

Los tres debían estar en su lugar al mismo tiempo para que funcionaran. El Dr. Michael Behe acuñó el término complejidad irreducible para describir estos sistemas mutuamente interdependientes dentro de las células.

ADN, ARN, Proteina

No hay escape de la prueba de Darwin

No es de extrañar que estos hallazgos hayan forzado a la comunidad que postula la teoría de la evolución a proponer soluciones creativas para las aparentes contradicciones entre la hipótesis original de Darwin y la biología celular. Sus intentos por rescatar la evolución se dividen en cuatro categorías principales.

En primer lugar, los evolucionistas de Darwin han apelado al poder de la selección artificial: la capacidad de la humanidad de domesticar y criar especies silvestres para producir profundos cambios biológicos. El problema con esta contra-explicación es que requiere de un cambio en la definición original de evolución. Darwin no tituló su libro El Origen de las especies por medio de la creación inteligente, sino en lugar de ello, él propuso que el mecanismo era la selección natural—sin involucrar la actividad humana o divina. Por el contrario, la selección artificial requiere que personas inteligentes supervisen el proceso, haciendo que esta analogía no sirva para nada.

El segundo intento de solución tiene un problema similar. Tal vez, los evolucionistas digan que los “andamios” celulares sostuvieron alguna vez intermediarios más simples hasta que las partes complejas e interdependientes de la célula fueran completadas. Ellos dicen que puesto que la construcción de un puente requiere de andamios y piezas intermedias hasta que todas las partes estén conectadas, ¿por qué no la célula? Para que esta analogía funcione, los evolucionistas debieran, una vez más, ni siquiera tomar en serio la propia definición de evolución. La construcción de un puente implica actividad humana inteligente. La evolución por selección natural no.

Un tercer esfuerzo organiza los organismos en jerarquías aparentes, por ejemplo, de peces pasando por anfibios a reptiles, basadas en similitudes entre las especies. Los evolucionistas argumentan que si las especies pueden ser organizadas en una serie, ¿no podrían dichas especies haber evolucionado a partir de un antepasado común? El problema es que la evolución requiere—según las declaraciones explícitas de Darwin—una explicación paso a paso específica a nivel celular y molecular, no una vaga jerarquía.

Por último, los evolucionistas han apelado a algo que llaman “evolución neutral”: cambios en el ADN que no dan lugar a un cambio en la función biológica. En contraste, la evolución por selección natural requiere cambios en la función biológica. Por definición, la selección natural requiere que un componente biológico, por ejemplo, una parte de una célula, sea funcional antes de que pueda ser seleccionado.

LOS CREACIONISTAS HAN INDICADO DESDE HACE TIEMPO QUE LAS PROBABILIDADES DE QUE LA EVOLUCIÓN SE PRODUZCA AL AZAR SON NULAS.

Si bien a primera vista la debilidad de esta explicación pareciera permanecer oculta, en realidad es la más inverosímil de todas. En su núcleo, la evolución neutral es sinónimo de pura suerte, convirtiendo la cuestión de la evolución en un asunto de probabilidades y de azar. Incluso si le aceptáramos a los evolucionistas su “proceso de evolución neutral”, los creacionistas han señalado desde hace tiempo la improbabilidad de que la evolución sea por casualidad, y la evolución neutral no hace nada para escapar de las evidentes implicaciones que tiene la prueba original de Darwin “paso a paso”.

Por lo tanto, la única manera de rescatar la evolución darwiniana—la supervivencia estrictamente naturalista del proceso más adecuado de pequeños pasos- es redefinirla. Al redefinir la esencia de lo que Darwin propuso y cambiarlo a algo completamente diferente, los evolucionistas están reconociendo implícitamente que la evolución darwiniana no funciona.

Como se explicó hace tanto tiempo en Romanos 1:18–25, el Creador “se hace claramente visible” por medio de las cosas que Él ha hecho, y los evolucionistas no tienen ninguna base científica para contradecir este hecho, según el propio Darwin.

Nathaniel Jeanson recibió su Doctorado de la Harvard Medical School, especializándose en el papel de la vitamina D en la regulación de las células madre de la sangre. Él trabajó varios años como investigador asociado de investigación para el Instituto de Investigación de la Creación y actualmente realiza investigación para Respuestas en Génesis.

Referencias y Notas

  1. Irónicamente, no podemos definir adecuadamente la vida. Conocemos la vida por sus características (como por ejemplo, la reproducción), pero la vida no se limita a sus características o a su química básica. Conocemos la vida cuando la detectamos, pero no podemos explicar completamente lo que es.
  2. Un problema con muchos de los experimentos populares del “origen de la vida”, como por ejemplo, los experimentos de Miller, es que las condiciones utilizadas también produjeron sustancias químicas tóxicas para la vida.
  3. C. Darwin, El origen de las especies por medio de la selección natural, primera edición (Londres: John Murray, 1859), pág. 189.
  4. Por ejemplo, consulte (con precaución) M. Behe, M., La caja negra de Darwin: el reto de la bioquímica a la evolución (Nueva York: Touchstone, 1996). Behe acuñó el término complejidad irreducible para resumir los sistemas mutuamente interdependientes que existen a nivel celular. Lamentablemente, si bien la crítica de Behe a Darwin es devastadora, Behe acepta la ascendencia común evolutiva y la línea de tiempo secular.

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