Propuesta de nueva solución al problema del tiempo de viaje de la luz

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Resumen

Encuentro un problema poco notado en la formulación normal del problema del tiempo de viaje de la luz. Además, propongo las bases para el principio de una nueva solución al problema. Esta solución invoca similitud entre los actos creativos del cuarto día y otros de la semana de la creación, pero especialmente del tercer día. El relato del tercer día de la creación sugiere una propagación rápida e inusual de la luz en el cuarto día. De manera similar, esta posible nueva solución sugiere la propagación rápida e inusual de la luz en el cuarto día, probablemente por la rápida expansión del espacio. Esto es apelar a un evento milagroso en lugar de un proceso físico para que la tierra obtenga la luz de estrellas distantes. Todavía no está claro si esta sugerencia pudiera tener predicciones comprobables. Si ésta es la manera correcta de ver el problema, puede ser que estemos viendo gran parte del universo en algo cercano al tiempo real. Comparo brevemente esta posible solución con el tiempo de viaje de la luz con otras propuestas publicadas anteriormente.

Nota del Editor: Este artículo fue publicado originalmente en la revista Revista de Investigación Respuestas.

Palabras clave: Problema del tiempo de viaje de la luz, luz de estrellas distantes

Introducción

El problema del tiempo de viaje de la luz es uno de los mayores desafíos que enfrentan los creacionistas. En pocas palabras, si la antigüedad del universo es tan sólo miles de años como lo sugiere con firmeza la Biblia, entonces ¿cómo podemos ver los objetos que están a distancias del tiempo de viaje de la luz mucho mayores a sólo unos cuantos miles de años? Una unidad de medida de la distancia popular usada en astronomía es el año luz, la distancia que viaja la luz en un año. Multiplicando la velocidad de la luz por el número de segundos en un año, hallamos que el año luz es un poco mayor que 9 × 1012 km. Es obvio que el uso de unidades “normales” de medidas de distancia tales como el metro o el kilómetro es deplorablemente inadecuado en astronomía, de ahí la definición de esta nueva unidad de distancia. Con el acercamiento más directo al registro bíblico y a las grandes distancias en astronomía, no deberíamos ver ningún objeto a más de unos pocos miles de años luz de distancia. La mayoría de los objetos visibles a simple vista no están tan lejos, por lo que, como normalmente se define el problema del tiempo de viaje de la luz, la mayoría de los objetos visibles a simple vista no presentan problema alguno al modelo de creación reciente.

Sin embargo, debemos considerar dos puntos importantes. En primer lugar, los astrónomos creen que algunos objetos débiles visibles a simple vista están mucho más distantes de sólo a miles de años luz. Por ejemplo, el objeto más distante normalmente visible a simple vista, la M31, Galaxia Andrómeda, está a unos dos millones de años luz de distancia. Más aún, desde la invención del telescopio hace cuatro siglos, los astrónomos han descubierto muchas otras galaxias y objetos mucho más distantes que sólo unos pocos miles de años luz. Los más notables son los cuásares, que según la mayoría de los cálculos, están a miles de millones de años luz de distancia. Si el universo sólo tiene miles de años luz, ninguno de estos objetos tan lejanos debería ser visible.

Un segundo punto importante es que si el enfoque está sólo en los objetos muy lejanos, el problema del tiempo de viaje de la luz no se formula bien, porque la situación es mucho peor. La mayoría de los abordes del problema del tiempo de viaje de la luz se concentran en la cuestión de cómo podemos ver los objetos a más de 6.000 años luz de distancia. Puesto que muchos de los objetos claramente visibles a simple vista están dentro de 6.000 años luz, no son problema alguno en la visión de la creación reciente. Sin embargo, aunque sea posible que nosotros veamos muchas de las estrellas a simple vista hoy, algunos milenios después de la semana de la creación, no habría sido posible que Adán mirase estrellas (aparte del sol) por lo menos hasta cuatro años después de su creación. Las estrellas fueron creadas en el cuarto día, y Adán fue creado en el sexto día. La estrella más cercana después del sol está a 4.3 años luz de distancia, por lo que Adam no pudo haber visto ni siquiera la estrella más cercana por más de cuatro años, pero luego las estrellas habrían ido mostrándose lentamente durante los años siguientes. Sin embargo, podría ser que las estrellas no cumplieran las funciones decretadas por Dios para ellas cuando Adán las vio por primera vez después del sexto día; funciones que incluyen el usarlas para separar las estaciones, el pasar del tiempo (lo cual aún hoy hacemos, las usamos para separar los días, los meses y los años). El pasar de los años y de las estaciones se calcula al medir cómo el sol parece moverse contrario a las estrellas de fondo al orbitar la tierra alrededor del sol. Si estas estrellas de fondo no estuviesen presentes, no sería posible determinar el paso de los años ni de las estaciones. Por tanto, para resolver realmente el problema del tiempo de viaje de la luz, la luz de las estrellas, incluso a cuantos años luz de distancia, debe haber sido visible sólo días después de su creación (y es probable que la luz de todos los objetos astronómicos que llegan a la tierra hoy también llegase al mismo tiempo). Una solución realista al problema del tiempo de viaje de la luz debe explicar cómo Adán pudo haber visto las estrellas la tarde siguiente al día sexto. Una vez que tal problema sea resuelto, es probable que el problema de tiempo de viaje de la luz en cuanto a los objetos más distantes sea también resuelto con mucha probabilidad. Por lo menos, debemos formular adecuadamente el problema del tiempo de viaje de la luz en todo momento que se trate este tema.

Previas soluciones al problema

Se han propuesto al menos siete tipos distintos de soluciones para el problema del tiempo de viaje de la luz en la literatura de creación. No hablaremos en detalle de ellos, ya que se ha hablado de los tales en varios lugares, sino más bien, los mencionaremos en el orden cronológico en que fueron propuestos, seguidos por un pequeño comentario:

  1. Cuestione las distancias
  2. La luz creada en tránsito como parte de un universo completamente funcional
  3. La luz sigue un espacio peculiar no euclidiano de tal manera que la luz de todo el universo llega en unos cuantos años, independientemente de la gran distancia
  4. Una disminución en la velocidad de la luz, permitiendo que la luz de todo el universo llegue a la tierra muy rápidamente, dentro de la semana de la creación
  5. El modelo de la biosfera, o, como lo llaman algunos críticos, la brecha suave
  6. Modelos cosmológicos que usan efectos relativistas generales para dar cuenta de la llegada de la luz a la tierra con mucha rapidez durante la semana de la creación.
  7. La convención del tiempo

Pocos creacionistas han perseguido agresivamente la solución uno. El razonamiento para esta solución ha sido que si las distancias de los objetos astronómicos no se conocen tan bien, entonces los cuerpos astronómicos podrían estar mucho más cerca de lo que generalmente se piensa, y por tanto deja de existir el problema de tiempo de viaje de la luz. Esta solución equivale a esquivar el problema por definición, pero hay más problemas con esta solución. En primer lugar, los creacionistas que sugieren esta solución señalan correctamente que la paralaje trigonométrica, único método directo para la medida de las distancias estelares, calcula distancias que, como mucho, son sólo unos cuantos cientos de años luz. Así que esto podría explicar por qué podemos ver todas las estrellas para las que tenemos distancias directamente determinadas. Se podría argumentar que como los métodos de determinación de distancia que dan distancias muy grandes que causan que el problema del tiempo de viaje de la luz sea indirecto, esos métodos indirectos son de alguna manera sospechosos. Sin embargo, no se puede descartar los métodos indirectos con tanta facilidad. La mayoría de estos métodos se basan en principios físicos bien entendidos, y muchos de los métodos indirectos están calibrados a la paralaje trigonométrica. Véase Faulkner (2013) en cuanto a los métodos de determinación de distancias. En segundo lugar, esta solución se basa en el problema incorrectamente formulado del tiempo de viaje de la luz. Aunque hoy podamos ver estrellas como el Alpha Centauro, la estrella más cercana similar al sol, con esta solución no habría sido visible para Adán a la conclusión de la semana de la creación, puesto que se encuentra a 4.3 años luz de distancia. Para que funcione esta solución, incluso el método bien determinado del paralaje trigonométrico debe ser abandonado, pero no se puede comprobar físicamente.

Durante mucho tiempo, la solución dos fue muy popular y, aunque sea menos popular hoy en día, sigue teniendo un amplio seguimiento (el difunto Henry M. Morris Jr. era aficionado a esta solución). Los defensores argumentan que, por su propia naturaleza, la creación debe incluir alguna “apariencia de edad” ya que las plantas, los animales y el hombre no fueron creados como embriones o bebés sino como adultos maduros, aunque no pasaron por el proceso normal de crecimiento para llegar a la edad adulta. Ciertamente vemos que esto es cierto en cuanto a Adán y Eva, pero también parece ser cierto para las plantas, o de lo contrario no podrían cumplir su propósito ordenado por Dios de proporcionar comida tan sólo 2–3 días después que aparecieran si no hubiesen estado maduros (Génesis 1:29–30). El mismo razonamiento se aplica a muchos animales. Así, las estrellas no podían cumplir el propósito por el que fueron creadas a menos que fueran visibles de inmediato, así que Dios las hizo con luz ya camino a la tierra. Esto tiene cierta cantidad de atractivo hacia él, pero también podría ser interpretado como engañoso por parte de Dios para hacer que la luz contenga tremenda cantidad de información de procesos físicos que nunca acontecieron. Puesto que la mayor parte del universo está a más de sólo unos cuantos miles de años luz de distancia, pareciera que nunca veremos luz que realmente saliera de estos objetos lejanos y, por tanto, la mayor parte del universo equivale a una ilusión. Esta preocupación ha sido la principal motivación de quienes buscan otras soluciones al problema del tiempo de viaje de la luz.

De la tercera solución ya no se habla mucho. Se basaba en algunas hipótesis especulativas sobre la naturaleza de la luz que nunca ha sido demostrada. Sin embargo, muy pocos creacionistas adoptaron esta solución, y aquéllos que alguna vez mencionaron esta solución normalmente la ofrecían como una posibilidad hipotética no necesariamente con respaldo. Para una visión crítica de esta teoría, véase Akridge (1984).

La cuarta solución es que la velocidad de la luz ha disminuido desde la semana de la creación (Norman y Setterfield 1987, Setterfield 1989). Esto se llama a menudo “dkc” reducción de “decaimiento c”, donde “c” es la letra que los físicos suelen utilizar para representar la velocidad de la luz. Sin lugar a dudas, esta solución ha suscitado el debate más candente entre los creacionistas recientes. Cuando fue propuesta la posibilidad que la luz pudiera haber disminuido por primera vez en la literatura de la creación hace tres décadas, se encontró de inmediato con gran interés. Sin embargo, gran parte del interés temprano pronto se convirtió en oposición. Los oponentes no creen que los datos apoyen adecuadamente esta hipótesis; pero sí lo creen los partidarios. Los oponentes señalan que cualquier cambio significativo en la velocidad de la luz alteraría la estructura de la materia que debería ser visible en objetos distantes. Los partidarios están de acuerdo con esto, pero argumentan que otros factores han cambiado que lo compensan. Hay una gran división en esta solución, y no hablaremos más de esta controversia aquí.

La quinta solución, el modelo de la biosfera, propone que la semana de la creación se aplica a la biosfera de la tierra, pero que la tierra misma y el resto del universo son mucho más antiguos. Para los que creen esto, Dios hizo las estrellas antes del cuarto día (incluso miles de millones de años antes), pero las estrellas no se hicieron visibles sobre la superficie de la tierra hasta el cuarto día, puesto que la atmósfera de la tierra era opaca hasta ese punto. Esto es muy similar al razonamiento de los teóricos del Día-Edad con respecto al significado de la cuenta del cuarto día. Sin embargo, debemos señalar que, a diferencia de la teoría del Día-Edad, la semana de la creación del modelo de la biosfera es una semana normal de seis días. Esta solución se ha encontrado con mucha oposición entre los creacionistas recientes.

La primera solución del tipo número seis es la cosmología del agujero blanco (Humphreys 1994). La cosmología del agujero blanco postula que Dios hizo inicialmente el universo como un agujero blanco con la tierra en alguna parte cerca del centro del agujero blanco. El agujero blanco finalmente se evaporó y dejó de existir durante la semana de la creación, probablemente el cuarto día. La dilatación del tiempo relativista cerca del horizonte de los eventos del agujero blanco permitió que grandes períodos de tiempo pasaran por otra parte del universo mientras que sólo pasaban unos días en la tierra y cerca de ella. El tiempo mucho mayor en otros lugares permitiría que la luz de las porciones más lejanas del universo llegase a la tierra en pocos días. Hartnett (2003) ha favorecido una solución algo similar pero muy diferente usando una métrica modificada para la relatividad general. Esta métrica tiene una dimensión adicional (para un total de cinco). Hartnett ha adquirido algunos resultados muy interesantes cuando se aplica a estructuras grandes, como galaxias y quásares, lo que sugiere que hoy estamos viendo estos objetos en su infancia, a pesar de las enormes distancias y los consecuentes tiempos de viaje de la luz. Las soluciones generales de la relatividad han ganado mucho consiguientemente, pero es cierto que muchos partidarios no entienden completamente las sofisticadas matemáticas involucradas.

La solución número siete invoca convenciones de tiempo común en astronomía (Newton 2001; Lisle 2010). En 1987, los astrónomos observaron una supernova en una pequeña galaxia cercana, la Gran Nube de Magallanes (LMC), por lo que decimos que la supernova ocurrió en 1987 (el nombre, “SN 1987A”, dice lo mismo). Sin embargo, esto fue cuando vimos por primera vez la luz de la supernova, pero como la Gran Nube de Magallanes está a sólo 170,000 años luz, podemos decir que la supernova ocurrió hace 170,000 años. Así, los astrónomos tienen dos convenciones de tiempo en cuanto a cuándo sucedió algo, cuando sucedió en realidad, y cuándo es observable en la tierra. En la solución de la convención de tiempo, Dios hizo los objetos en el universo en el cuarto día, pero la velocidad infinita de sola luz de una sola dirección hizo que su luz llegara a la tierra instantáneamente. Es increíble para mí que esta solución muy interesante no haya recibido más atención, sobre todo del tipo negativo.

Una nueva propuesta

He pasado más de 30 años buscando una solución al problema del tiempo de viaje de la luz, y recientemente comencé a pensar en una posibilidad que me parece satisfactoria. Con tantas otras soluciones propuestas, uno puede, y con razón, preguntarse ¿por qué otra más? Veo que la mayoría de estas soluciones al problema del tiempo de viaje de la luz tienen ventajas y desventajas. Si hubiera sólo una solución que funcionara, no habría tantas soluciones, y no habría tan gran desacuerdo. Por favor considere mi modesta propuesta. Como he argumentado anteriormente (Faulkner, 1999), sostengo que la obra de Dios de hacer los cuerpos astronómicos en el cuarto día implicó un acto no de crearlos de la nada, sino más bien de formarlos a partir del material previamente creado el primer día. Como parte de la obra formativa de Dios, la luz de los cuerpos astronómicos fue milagrosamente hecha para “disparar” su camino a la tierra a una velocidad anormalmente acelerada para cumplir con su función de servir para indicar señales, estaciones, días y años. Destaco que mi propuesta difiere del dkc en que no invoca mecanismo físico alguno, es probable que el espacio mismo se haya movido rápidamente, y que la velocidad de la luz desde la semana de la creación haya sido la misma que hoy.

Esta manera de interpretar las cosas no daña el significado de otros verbos hebreos usados para describir la formación de las estrellas. Por ejemplo, la palabra בָּרָא (bārā’, “crear”), que aparece sólo con Dios como su agente (Koehler y Baumgartner 2001, p.153), se utiliza en referencia a la creación del universo en general en Génesis 1:1, la creación de las estrellas en Isaías 40:26, y la creación de los cielos en Isaías 42:5 y 45:18. Al referirse a la actividad de Dios, בָּרָא a menudo tiene la idea de hacer algo totalmente nuevo o de crear algo de la nada (los primeros padres de la iglesia introdujeron el término latino, ex nihilo, para el segundo). Sin embargo, esto no es necesariamente el caso. El verbo בָּרָא también se usa para la creación de alguien que trae la ruina en Isaías 54:16, la creación de alabanza en los labios del Israel redimido en Isaías 57:19, y la creación de los amonitas en Ezequiel 21:30. Por tanto, no hay datos léxicos claros que sugieran que בָּרָא no se pueda usar para hablar de un acto creativo que implica el uso de material ya existente, siempre que Dios sea el agente de ese acto creativo.

Aún más significativo, la palabra עָשָׂה (‘āśâ, “hacer”) se utiliza específicamente de la creación de los cuerpos astronómicos en Génesis 1:16. El significado de este verbo es más amplio, semánticamente hablando, que el de בָּרָא , y puede referirse a actos de ingenio creativo por parte de agentes distintos de Dios. Dicho esto, es indiscutiblemente evidente que עָשָׂה se usa comúnmente para referirse al acto de formar algo a partir de un material ya existente (por ejemplo, la creación del hombre en Génesis 1:26; cp. 2:7). Por supuesto, tal no siempre es el significado pretendido, incluso con respecto a los cuerpos astronómicos (por ejemplo, compare Génesis 1:1 con 2 Reyes 19:15; Isaías 37:16; 66:22; Jeremías 32:17). Sin embargo, el uso de עָשָׂה en el registro de la creación del cuarto día aparte de cualquier pista contextual que sugiera contener el sentido de la creación de la nada sugiere que hay una posibilidad clara que la creación de los cuerpos astronómicos fue más bien el formarlos del material previamente creado en el primer día. Así como la descripción de la tierra en Génesis 1:2 es de algo inacabado que Dios continuó durante los próximos días para dar forma y preparar, quizá, la materia que se convertiría en los cuerpos astronómicos fue creada en el primer día, pero formada en el cuarto día, con lo cual Dios trajo la luz de ellos a la tierra.

Con el fin de comprender mejor mi propuesta, es instructivo examinar las actividades de Dios en los otros días de la semana de la creación para quizá adquirir una visión de los patrones que podrían ser útiles al explorar el cuarto día. De particular interés es la creación de las plantas en el tercer día. El versículo 11 en la RV60 dice:

Después dijo Dios: Produzca la tierra hierba verde, hierba que dé semilla; árbol de fruto que dé fruto según su género, que su semilla esté en él, sobre la tierra. Y fue así.

El verso 12 afirma:

Produjo, pues, la tierra hierba verde, hierba que da semilla según su naturaleza, y árbol que da fruto, cuya semilla está en él, según su género. Y vio Dios que era bueno.

Aquí Dios ordena que la tierra “produzca” y luego la tierra, en obediencia, “produjo”. Génesis 1:11 emplea la raíz hiphil de דש֗א ( dš’), que se usa para expresar la acción causativa en voz activa. La Reina Valera traduce apropiadamente esto como: “produzca”, otras versiones como la Nueva Versión Internacional también dicen lo mismo “produzca”. Lexicalmente hablando, דש֗א no indica nada acerca de cómo produjo la tierra las plantas. Sin embargo, los contextos indican que el uso de דש֗א en Génesis 1:11 implica un proceso de crecimiento rápido. Es decir, el tercer día, las plantas no aparecieron al instante sino más bien crecieron hasta llegar a la madurez. Está claro por la bendición que Dios vio que era bueno (v.12b) y el cierre inmediato del tercer día (v. 13) que éste no era el proceso normalmente lento que vemos hoy en las plantas, sino que fue un crecimiento y desarrollo de las plantas anormalmente rápido. Por lo menos, las plantas (incluyendo los árboles con frutas) tuvieron que tener fruta madura para el quinto y sexto día, ya que los animales y las personas creadas entonces las requerían como comida, que Dios ordenó para ellos (vv. 29–30). Es fácil imaginar ese día como si las plantas brotasen y creciesen con rapidez como se ven hoy en las películas de lapso de tiempo acelerado.

¿Podría este crecimiento y desarrollo anormalmente rápido de plantas en el tercer día ser algo como el patrón para hacer los cuerpos astronómicos en el cuarto día? En mi trabajo anterior sobre la creación el cuarto día (Faulkner 1999), sugería tal proceso rápido, aunque sin hablar del paralelo con la creación de plantas. El paralelo del tercer día puede ser muy útil para resolver el problema del tiempo de viaje de la luz. La razón por la que las plantas creadas en el tercer día no se desarrollaran a la velocidad que es normal hoy es porque no habrían podido desempeñar su función de proporcionar comida en el quinto y sexto días. La fruta de desarrollo más rápido requiere semanas o meses, y los árboles requieren años. De manera similar, las estrellas no habrían podido cumplir la función de señalar las estaciones, los días y los años (v. 14) a menos que fueran visibles para el sexto día. Propongo que la luz tuvo que “expandirse” o “dispararse” de manera anormal a la tierra para cumplir con su función. Note que esto no es el resultado de proceso natural alguno lo mismo que aconteció con las plantas en el tercer día. De lo contrario, éste es un proceso milagroso, anormalmente rápido. No fue la luz que se movió con rapidez, sino más bien, propongo que fue el mismo espacio que se movió, llevando la luz consigo.

Esta interpretación guarda constancia con el concepto del expansión (נטה; nṭh) o extensión ((מתח; mtḥ) de los cielos encontrados en el Antiguo Testamento (por ejemplo, Job 9:8; Salmo 104:2; Isaías 40:22; 42:5; 44:24; 45:12; 51:13). Muchos cristianos hoy identifican tal expansión con la expansión del universo, algo que también yo hice durante algún tiempo pero que ahora me causa más escepticismo. Hay varios problemas posibles con esta interpretación. En primer lugar, a menudo pensamos en la expansión en términos de alguna sustancia elástica como el caucho en liga o un cordón elástico, lo cual es similar a la expansión universal. Sin embargo, la expansión de los cielos no se describe como una expansión elástica. Note que Isaías 40:22 compara la expansión de los cielos como el desdoblamiento de una tienda o cortina. En tiempos antiguos, es probable que las tiendas de campaña y las cortinas fueran hechas de pieles de animales. Cuando las guardaban, se las enrollaba y luego se las desenrollaba para extenderlas de nuevo. Entonces, la expansión era el desenrollar y extender el material de la tienda. Es curioso que la Escritura menciona que al final de los tiempos, los cielos serán enrollados como pergamino (Isaías 34:4), lo contrario de desenrollar una carpa o rollo. Otro problema con la idea que la expansión de los cielos sea la expansión universal es que muchos de estos versos parecen implicar que tal extensión fue un acontecimiento pasado, y no una expansión en curso. Obsérvese, por ejemplo, el paralelismo en Isaías 51:13:

Y ya te has olvidado de Jehová tu Hacedor, que extendió los cielos y fundó la tierra; y todo el día temiste continuamente del furor del que aflige, cuando se disponía para destruir. ¿Pero en dónde está el furor del que aflige?

En este versículo, la afirmación “Jehová extendió o estiró los cielos” está emparejada con la declaración “fundó la tierra”. Dado que este último acto ciertamente debe entenderse como una acción completada en el pasado, la primera también debe ser así. Por tanto, es muy probable que la extensión de los cielos esté relacionada con la creación. Propongo que la expansión de los cielos se refiera a rápida expansión del espacio para que la luz llegase a la tierra en el cuarto día, el mismo día que las estrellas fueron creadas.

Por supuesto, hay que recordar que las mencionadas referencias bíblicas en cuanto a la expansión de los cielos aparecen en pasajes poéticos que son diferentes del registro de Génesis 1:14–19 del cuarto día, que está escrito en prosa (Boyd 2005). En consecuencia, “la expansión” en estos casos puede ser un dispositivo metafórico que no se refiere a nada más que la creación de los cielos en su extensión. Dicho de otro modo, es probable que el lenguaje empleado no sea lo suficientemente específico como para constituir cierta evidencia para la defensa de mi punto de vista. Sin embargo, el lenguaje ciertamente no impide la posición que he avanzado; de hecho, si el texto tiene la intención de transmitir la idea del viaje de la luz a una velocidad anormalmente acelerada para llegar a la tierra en el cuarto día (o, a más tardar, el sexto día), entonces asegurar que Dios extendió los cielos es bastante apropiado.

Esta solución propuesta para el problema del tiempo de viaje de la luz tiene algunas similitudes con ciertas otras soluciones. Puesto que la luz es milagrosamente traída a la tierra en el cuarto día, quizá algunos vean un paralelo a la luz creada de la teoría del tránsito. Sin embargo, la gran diferencia es que con esta nueva propuesta, la luz de objetos lejanos partió realmente de los objetos distantes que vemos. En la luz creada de la teoría del tránsito, la luz que vemos de objetos muy lejanos nunca fue emitida por esos objetos. Quizá algunos vean que esta nueva propuesta es similar al dkc, pero hay por lo menos dos distinciones. El primero, el dkc sigue un decaimiento matemáticamente descrito. Esta nueva solución plantea la hipótesis que la luz que llega aquí fue más de la expansión del espacio que comenzó abruptamente y terminó abruptamente. La segunda diferencia es que el dkc se basa en mecanismos físicos, mientras que esta nueva propuesta se basa en la intervención milagrosa de Dios. Quizá uno mire un paralelo aún más fuerte de esta propuesta con la cosmología del agujero blanco en que la cosmología del agujero blanco podría proporcionar el mecanismo físico para que la expansión haga llegar la luz de las estrellas a la tierra. Sin embargo, deseo enfatizar que no necesito un mecanismo físico para esta propuesta.

Controversia

Es cierto que he dejado muchas cosas sin concluir. Puesto que mi modesta propuesta apela a un milagro, quizá no haya predicciones físicas y, por tanto, nada que podamos probar. Sin embargo, incluso un milagro puede dejar alguna evidencia observable. Por ejemplo, los discípulos de Jesús y muchos otros vieron (y aún más tocaron) el cuerpo resucitado de nuestro Señor. Muchos vieron a otros cuerpos curados o resucitados de entre los muertos. Miles comieron pan y pescado producido por milagro, y muchos probaron el vino en la fiesta de las bodas de Caná. ¿Podría mi propuesta producir efectos que son observables hoy? Quizá. Considere la luz que parte de una estrella distante poco después de su formación en el cuarto día. En mi opinión la intervención del espacio fue el extenderse para traer la luz con rapidez a la tierra. Poco después de este evento, quizá todavía en el cuarto día, el espacio asumió las propiedades que tiene hoy. ¿Se alteraron las propiedades de la luz, como la longitud de onda y la frecuencia, durante este proceso? Supongo que no, pues si fuera así, entonces produciría un cambio observable de algún tipo.

Pero, ¿qué de los detalles de la transición entre la transmisión milagrosa de la luz a grandes distancias y el ritmo relativamente lento de hoy, todo establecido en el cuarto día? ¿Implicaría esto una región de transición que todavía podría estar llegando a la tierra hoy? ¿Podría haber alguna implicación en cuanto a la relación de Hubble, la tendencia general de aumentar el desplazamiento al rojo con el aumento de la distancia? Por desgracia, no lo sé. Estas y muchas otras preguntas deben ser abordadas para que mi propuesta sea tomada con seriedad por los otros científicos de la creación. Espero que, con el tiempo para reflexionar, conversaciones con otros, y tal vez el trabajo de otros en mis propuestas pueda dar alguna idea de estas y muchas más preguntas. Coloco esta propuesta ante otros para estimular el debate.

Conclusión

Los creacionistas recientes creen que el universo tiene sólo miles de años. El universo parece ser mucho más grande que tan sólo unos cuantos miles de años luz de tamaño, lo que sugiere que el problema de tiempo de viaje de la luz. Sin embargo, al concentrarnos en la edad presente del universo, formulamos incorrectamente el problema del tiempo de viaje de la luz. Recomiendo que establezcamos correctamente el problema observando que Adán tuvo que ver gran parte del universo para el término de la semana de la creación.

Aquí he presentado el comienzo de una nueva propuesta de solución al problema del tiempo de viaje de la luz. Estoy convencido que la apelación de solución milagrosa sea de seguro la mayor crítica de esta propuesta. Como creacionistas, no debemos resistirnos tanto a creer en los milagros, ya que equivaldría a cuestionarnos en cuanto a los aspectos físicos del nacimiento virginal o de la resurrección de Jesucristo, cuyos eventos son realidad objetiva, pero ambos fueron por milagro. La creación por su misma naturaleza fue un evento o proceso milagroso. Como científicos, estamos tan acostumbrados a mirar mecanismos físicos que a menudo queremos incluir en la semana de la creación en términos de procesos físicos o naturales. Si bien algunos aspectos de la semana de la creación fueron probablemente físicos y aunque pueda ser que también haya ramificaciones físicas de la creación aún hoy, debemos darnos cuenta de que hay ciertas cosas en cuanto a la semana de la creación que nosotros como científicos no podemos comprender plenamente. Admito que había pasado más de 30 años pensando principalmente en términos de una explicación física para el problema del tiempo de viaje de la luz, cuando la solución puede ser mucho más simple y más directa.

Debo enfatizar que una expectativa de esta solución al problema del tiempo de viaje de la luz es que con probabilidad estamos mirando el universo entero en algo cerca al tiempo real, independientemente de cuán lejos puedan estar los objetos individuales. Con exactitud en qué punto comenzamos a ver la luz de ciertas estrellas que viaja a nosotros en la “forma normal” en lugar de como en el milagro del cuarto día, no tengo idea alguna. Esperemos que otros debates en cuanto al tema nos ayuden; sin embargo, dada la naturaleza milagrosa de esta solución, ninguna respuesta clara puede ser posible.

Agradezco a Lee Anderson por su ayuda con el hebreo y con los pasajes del Antiguo Testamento.

Bibliografía

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