No insulten nuestra inteligencia: ¿Acaso podrá un simio producir un hombre?

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La noción de los evolucionistas que el hombre evolucionó por azar a partir de criaturas simiescas se basa principalmente en ciertas similitudes anatómicas entre los simios y el hombre. Puesto que los paleoantropólogos están convencidos de que dichas similitudes “demuestran” una relación evolutiva, ellos declaran que ciertos fósiles de simios son particularmente “homínidos” y, en consecuencia, ancestros del hombre. De manera similar, en un esfuerzo por cerrar la brecha entre los simios y el hombre, algunos fósiles de hombres han sido declarados como de “simios” y, por consiguiente, ancestros al menos del hombre “moderno”. Se podría decir que este último esfuerzo busca elaborar un “simio” a partir del hombre.

RARA VEZ SE ENCUENTRAN HUMANOS EN EL REGISTRO FÓSIL.

Rara vez se encuentran seres humanos en el registro fósil. Esto puede explicarse en parte por el tipo de hábitat en el que solía vivir el hombre y por las condiciones extraordinarias que se requieren para la fosilización (enterramiento rápido en sedimento transportado por el agua que se endurece antes de la descomposición de los huesos). Los fósiles humanos más conocidos son el hombre de Cro–Magnon (cuyas maravillosas pinturas fueron encontradas en las paredes de cuevas en Francia) y el hombre de Neandertal. Ambos son claramente humanos y en consecuencia han sido clasificados como Homo sapiens.

El hombre de Neandertal fue descubierto en 1856 por trabajadores que excavaban en una cantera de piedra caliza en el valle de Neander cerca de Dusseldorf, Alemania. Este espécimen estaba compuesto de bóveda craneal, dos fémures, dos húmeros y otros fragmentos óseos fosilizados. Los huesos del fósil fueron examinados por un anatomista (profesor Schaafhausen) quien concluyó que eran humanos. Al principio, no se prestó mucha atención a estos hallazgos, pero con la publicación del libro de Darwin El origen de las especies en 1859, comenzó la investigación de los imaginarios “ancestros simiescos” del hombre. William King, geólogo irlandés, reexaminó el cráneo fosilizado del hombre de Neandertal y rápidamente declaró que “los pensamientos y deseos que alguna vez moraron dentro de él, nunca se elevaron más que los de un bruto”. ¡Está claro que los anatomistas no pueden rivalizar con los geólogos al momento de discernir los pensamientos fosilizados! Los darwinianos argumentaron que el hombre de Neandertal era una criatura simiesca, mientras varios críticos de Darwin (como, por ejemplo, el gran anatomista Rudolph Vinchow) afirmaron que estos especímenes de Neandertal eran humanos en todos los sentidos, a pesar de que algunos parecían haber sufrido de raquitismo o artritis.

Se han encontrado más de 300 hombres de Neandertal repartidos en casi todo el mundo, incluidos Bélgica, China, África Central y África del Norte, Iraq, la República Checa, Hungría, Grecia, Europa Noroccidental y el Oriente Medio. Este grupo de hombres se caracterizaba por tener cejas prominentes (como las de los actuales aborígenes australianos), frente baja, cráneo largo y delgado, mandíbula superior prominente y mandíbula inferior fuerte con un mentón corto. Fueron individuos de pecho ancho, huesos largos y de constitución fornida. Sin embargo, se debe enfatizar que ninguna de estas características está fuera del rango normal de la anatomía humana. Es interesante que el tamaño del cerebro (basado en la capacidad craneana) del hombre de Neandertal era en realidad más grande que el del hombre promedio moderno, aunque rara vez se destaca esto. Por mucho tiempo, los antropólogos han intentado establecer una relación entre el tamaño del cerebro y la inteligencia y algunos han incluso presentado de manera sesgada sus mediciones de la capacidad craneana en un evidente esfuerzo por disminuir la inteligencia de las razas “menos favorecidas”, como los negros y los indios (véase La falsa medida del hombre, escrito por el evolucionista Steven J. Gould, W. W. Norton & Company, 1981). En realidad hay una amplia gama de variaciones en el tamaño del cerebro entre seres humanos normales, pero no se sabe de ninguna relación entre el simple tamaño del cerebro y la inteligencia.

A pesar de la abrumadora evidencia que existe en el sentido de que el hombre de Neandertal era simplemente una raza de hombres bajos y fornidos, artistas con mucha imaginación (alentados por algunos evolucionistas) los han representado sistemáticamente como “hombres mono” encorvados. Durante años, los visitantes que ingresaban al Museo Field de Historia Natural de Chicago fueron obligados a pasar en medio de un par de estatuas aterradoras a escala humana que representan a una pareja de Neandertales de apariencia salvaje. En la actualidad, sin embargo, el Museo ha reemplazado finalmente estas estatuas equivocadas por una representación más exacta de Neandertales homínidos erguidos. No obstante, las estatuas antiguas fueron trasladadas al segundo piso cerca de los esqueletos de dinosaurios, donde continúan alimentando la imaginación de generaciones de niños en edad escolar, quienes creen que ellos son realmente “hombres mono”.

La mayoría de los conceptos erróneos acerca del hombre de Neandertal provienen de las afirmaciones hechas por un paleontólogo francés (Marcelin Boule), quien en 1908 estudió dos esqueletos de hombres de Neandertal encontrados en Le Moustier y La Chapelle–aux–Saints, Francia. Boule declaró que los hombres de Neandertal eran bestias inferiores intelectual y anatómicamente y que estaban más estrechamente relacionados con los simios que con los humanos. El aseveró que tenían una postura encorvada, que la distribución de ciertas vértebras espinales era simiesca e incluso afirmó que sus pies contaban con una “posición de agarre” similar a la de los gorilas y chimpancés. Boule concluyó que el hombre de Neandertal no podría haber caminado de manera erguida, sino más bien haberlo hecho de una manera torpe. Estos puntos de vista bastante imprecisos y sesgados prevalecieron y fueron incluso propagados por muchos otros evolucionistas hasta mediados de los años 1950.

Si el hombre de Neandertal pudiera reencarnarse y ser puesto en el metro de Nueva York, después de haberse bañado, rasurado y vestido con ropas modernas, apenas habría atraído más atención que algunos de los demás habitantes.

En 1957, los anatomistas William Straus y A. J. Cave examinaron uno de los hombres de Neandertal de Francia (el de La Chapelle–aux–Saints) y determinaron que el individuo había sufrido de artritis crónica (tal como lo había sugerido Virchow casi 100 años antes), enfermedad que había afectado sus vértebras y encorvado su postura. La mandíbula también se había visto afectada. Estas observaciones son coherentes con el clima de la glaciación en la que vivieron los neandertales. Es muy posible que ellos hayan buscado refugio en cuevas que, junto con una dieta pobre y falta de luz solar, los hayan podido llevar fácilmente a desarrollar enfermedades que afectaron los huesos, como el raquitismo. En todo caso, el dedo gordo no era prensil (de agarre) como había sostenido Boule y no se encontró que la pelvis fuera simiesca. En su informe, los anatomistas citados comentaron lo siguiente: “Si el hombre de Neandertal pudiera reencarnarse y ser puesto en el metro de Nueva York, después de haberse bañado, rasurado y vestido con ropas modernas, apenas habría atraído más atención que algunos de los demás habitantes” (Quarterly Review of Biology, vol. 32, págs. 348-63, diciembre). Aún más, ¡hoy en día hasta podría prescindir del baño y rasurado!

Quizás la mejor impresión que hoy día podemos tener de cómo se ve en realidad el hombre de Neandertal proviene del trabajo del artista forense Jay Matterens, quien se especializa en “darle cuerpo” a esqueletos con plastilina para ayudar a la identificación de víctimas de homicidio y que trabajó en estrecha relación con los antropólogos para “darle cuerpo” a un esqueleto del hombre de Neandertal. El resultado, representado de manera destacada en la portada de la revista Science 81 (octubre de 1981), era imposible de distinguir de un hombre moderno. Matterens admitió que tuvo que luchar contra sus prejuicios para reconstruir lo que las mediciones mostraban. El artículo incluido en la revista señalaba que: “en opinión de muchos paleoantropólogos, la historia de la evolución humana ha sido “novelada” para que se adapte a necesidades que nada tienen que ver con el rigor científico”.

Además de las pruebas anatómicas, hay una evidencia cultural creciente que le da status humano al hombre de Neandertal. Ellos enterraban a sus muertos y tenían complejas costumbres fúnebres que incluían el arreglo del cuerpo y cubrirlo con flores. Fabricaban una gran variedad de herramientas de piedra y trabajaban con pieles y cueros. Hay incluso pruebas que sugieren que contaban con cuidados médicos. Algunos especímenes muestran evidencia de haber sobrevivido una edad mayor, a pesar de haber sufrido numerosas heridas, huesos rotos, ceguera y otras enfermedades. Esto sugiere que estos individuos fueron atendidos y alimentados por otros que mostraron compasión humana.

Aun así, continúan los esfuerzos por deshumanizar de alguna manera al hombre de Neandertal. Algunos investigadores insisten en que este último era anatómicamente incapaz de hablar, pero estudios recientes muestran que tenía una anatomía laríngea absolutamente coherente con la capacidad de hablar. Una de las máximas autoridades del mundo en el tema del Neandertal, Erik Trinkaus, concluye: “Comparaciones minuciosas de restos de esqueletos de hombres de Neandertal con los del hombre moderno han demostrado que no hay nada concluyente en la anatomía del Neandertal que indique habilidades locomotoras, manipulativas, intelectuales o lingüísticas inferiores a las del hombre moderno” (Natural History, vol. 87, p. 10, 1978). ¿Por qué, entonces, hay esfuerzos continuos en elaborar simios a partir del hombre y hombres a partir del simio? En una de las más francas y honestas evaluaciones con relación a este tema y a la metodología que se utiliza en la paleoantropología, el Dr. David Pilbeam (profesor de antropología de la universidad de Yale) declaró lo siguiente:

Quizás generaciones de estudiantes de la evolución del hombre, incluido yo mismo, hemos estado “dando vueltas” en la oscuridad; nuestra base de datos es muy escasa y poco fiable como para darle forma a nuestras teorías. Las teorías son más bien declaraciones sobre nosotros y nuestra ideología que sobre el pasado. La paleoantropología muestra más cómo se ve el hombre a sí mismo antes que su origen. Pero eso es una herejía. (American Scientist, vol. 66, pág. 379, mayo/junio 1978)

¡Oh, que se impriman estas palabras heréticas como una advertencia en cada libro de texto, revista, artículo de periódico y estatua que presumiblemente tiene que ver con el origen bestial del hombre!

Publicado originalmente en St. Louis Metro Voice, vol. 5, N° 3, marzo de 1995. El permiso para el uso otorgado por Missouri Association for Creation.

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