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Inferior o igual

por de ; último presentado Mayo 5, 2017
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¿Cuál es la perspectiva bíblica sobre la mujer? ¿Es ella igual, superior o inferior al hombre?

Nota del editor: Este artículo fue publicado originalmente en la revista Answers.

El feminismo moderno extremo sitúa a la mujer en una posición de autoridad sobre el hombre, mientras que la evolución darwiniana tradicional la sitúa muy por debajo de él. Y dado que la Biblia instruye que la esposa debe estar sujeta a su marido, aun los cristianos podrían preguntarse: “¿Es la mujer inferior o igual?”1

El relato de Génesis, cuando Dios crea al primer hombre y a la primera mujer, muestra un panorama que es sumamente diferente a las ideas evolutivas de nuestra cultura. Dios diseñó a ambos, al hombre y a la mujer, según Su propia imagen (Génesis 1:26–27).

Adán fue creado primero, pero Dios estableció que no era bueno que el hombre estuviera solo (Génesis 2:18). Por lo tanto, Dios tomó una costilla de Adán, y formó a Eva. Matthew Henry, reconocido expositor de la Biblia, dijo que Eva fue «hecha de una costilla tomada del costado de Adán; no fue tomada de una parte de su cabeza para gobernarlo, ni de sus pies para ser pisoteada por él; fue tomada de su costado para ser su igual, bajo sus brazos para ser protegida, y cerca de su corazón para ser amada».2

Ese mandamiento de «estar sujeta»

La Biblia instruye a las esposas que «estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor» (Efesios 5:22–23). Muchas mujeres creen que este mandamiento las sitúa en un rol inferior al de su esposo. Sin embargo, esto no es así.

El concepto de sujeción se encuentra en toda la Biblia. Una de las claves para mantener el orden deseado por Dios es reconocer la estructura de autoridad que Él ha establecido. Por supuesto, el mejor ejemplo de sujeción a la autoridad es Jesucristo, nuestro Creador y Redentor; Él se sujetó a Dios, y cumplió el rol al que había sido llamado por el Padre (Mateo 26:36–39; Filipenses 2:5–8).

El Creador eligió formar primero al hombre, y confiarle el rol de líder en el hogar, para Su gloria. Obviamente, el hombre no es la autoridad suprema, porque él mismo está también bajo autoridad (1 Corintios 11:3). La Biblia ordena al esposo ser un líder servicial y amoroso, imitando el amor sacrificial que Cristo ha derramado sobre la iglesia (Efesios 5:23-33); un amor que lo llevó a morir en la cruz por nosotros.

DIOS DISEÑÓ A AMBOS, AL HOMBRE Y A LA MUJER, SEGÚN SU PROPIA IMAGEN. AÚN ASÍ, ELLOS FUERON DISEÑADOS PARA CUMPLIR ROLES DIFERENTES.

Dios asignó a la mujer casada la responsabilidad de ser la ayuda idónea para su esposo (Génesis 2:18, 20). Ser ayuda idónea es una posición que implica gran responsabilidad y mansedumbre. No es una posición que implique debilidad, como a menudo se piensa cuando se la asocia con la sujeción (Efesios 5). Una ayudante idónea y piadosa se encomienda a Dios, sigue el liderazgo de su esposo, y usa sus dones y habilidades para apoyar y ayudar efectivamente a su esposo.

Josh Harris, autor y orador, reafirma esta enseñanza bíblica en su libro Boy Meets Girl3.

En los primeros dos capítulos de la Biblia, se nos enseña que Adán y Eva fueron creados iguales ante Dios. En esta situación de igualdad, Dios asignó al hombre y a la mujer roles diferentes. Él hizo primero a Adán, dando a entender su rol único como líder e iniciador. Dios, tomando parte de Adán, creó a Eva; luego la trajo a Adán para que fuera su ayuda idónea en las tareas que Él le había asignado. Ella fue hecha para complementar, sustentar y ayudar a su esposo. El regalo más grande que Dios le dio al hombre fue una «ayuda idónea para él» (Génesis 2:18). Esto no minimiza el rol de la mujer, sino que lo define.

El hombre y la mujer fueron creados iguales y, aun así, diferentes. Y el hecho de que somos diferentes es algo maravilloso.

Dios no nos hizo para que hagamos lo mismo, sino para que nos complementemos. Ahora bien, el asunto aquí es que Adán no fue mejor que Eva, así como Dios el Padre no es «mejor» que Dios el Hijo. El Padre y el Hijo son iguales en esencia, poder y gloria, pero ellos tienen roles diferentes; y el Hijo se sujeta gozosamente a la voluntad del Padre (1 Corintios 15:28). En forma similar, el esposo y la esposa son iguales en el matrimonio, aunque la Escritura instruye a la esposa a sujetarse gozosamente al liderazgo de su esposo.4

Aun conociendo estas verdades, algunas mujeres tienen dificultades para acatarlas. Por lo tanto, les resulta difícil cumplir con los requisitos bíblicos para una femineidad piadosa. El esposo, como líder del hogar establecido por Dios, puede hacer que la sujeción sea más fácil para su esposa, si él mismo obedece el mandamiento de Dios de amar a su esposa «como Cristo amó a la iglesia» (Efesios 5:25, 28–29; 1 Pedro 3).

Esposos y esposas deben darse cuenta de que los planes de Dios son siempre para nuestro bien, y que seguirlos trae felicidad y satisfacción (Salmos 23; 33:18–22; 34:8–22). Pero cuando intentamos invertir el orden amorosamente prescrito por Dios, estamos desobedeciendo Sus mandamientos, tal como hicieron nuestros primeros padres hace sólo unos pocos miles de años atrás en el huerto de Edén.

Mujeres en la Biblia

A través de todo el Antiguo y Nuevo Testamento, Dios ha dejado registradas las acciones virtuosas de las mujeres. La mayoría de ellas aparecen en su rol de ama de casa, pero varias se distinguen trabajando fuera del hogar.

Débora fue juez de Israel (Jueces 4), y también esposa. Lidia fue vendedora de púrpura (Hechos 16:14). La sirvienta de la esposa de Naamán, fue quien dijo a su señora que Naamán podía ser curado de su enfermedad (2 Reyes 5:3–4). María, hermana de Aarón y Moisés, lideró a las mujeres israelitas en celebración y alabanza, cantando y danzando cuando ellos salían de Egipto (Éxodo 15:20–21). La esposa virtuosa de Proverbios 31 era una madre amada, una mujer de negocios familiares, sabia, generosa, fuerte, sin temor al trabajo. La reina Ester usó su posición como esposa del rey de Persia para salvar a su pueblo, los israelitas.

Estas mujeres usaron las habilidades que Dios les había dado, para cumplir diversos roles. Casadas o solteras, ocupando posiciones prominentes, o sirviendo con humildad, estas mujeres se enfocaron en hacer lo que Dios las había llamado a hacer. Su obediencia es lo que valora y destaca Dios en Su Palabra.

La mujer de hoy

La cultura moderna ha generado ciertas expectativas en la mujer. En los Estados Unidos y otros países occidentales, se espera que la mujer luche por posiciones prominentes en la política, en los lugares de trabajo y en el sistema educativo. A menudo, hay mujeres cristianas que adoptan la mentalidad de este mundo, buscando «alcanzar su potencial» en la sociedad; y asocian su valor personal con estos logros.

Otra forma de presión social para la mujer, es compararse con otras, y adoptar esto como base para su valoración personal. Esta mentalidad está enfocada en lo terrenal, pero la mentalidad de un cristiano debería estar enfocada en lo celestial (Santiago 3:13–17).

La mujer cristiana

Tanto el hombre como la mujer llevan la imagen de Dios (Génesis 1:27), y son pecadores con la misma necesidad de Su gracia salvadora (Gálatas 3:28). Cristo redimió pecadores que merecían la eternidad en el infierno. Una mujer cristiana puede sentirse orgullosa de seguir a Cristo, y estar siendo conformada a Su imagen (Romanos 12:1–2). El Señor amonesta: «No se alabe el sabio en su sabiduría, ni en su valentía se alabe el valiente, ni el rico se alabe en sus riquezas. Mas alábese en esto el que se hubiere de alabar: en entenderme y conocerme, que yo soy Jehová, que hago misericordia, juicio y justicia en la tierra; porque estas cosas quiero» (Jeremías 9:23–24).

La mujer cristiana puede descubrir su propósito siguiendo el plan que Dios tiene para ella. Los siguientes versículos resumen Su plan: Génesis 2:18; Proverbios 1:8, 12:4; 1 Corintios 7:2–5; Efesios 5:22, 33; Colosenses 3:18; 1 Timoteo 2:9–15, 3:11, 5:9–10, 14; Tito 2:3–6; 1 Pedro 3:1–6.

Aunque la Biblia no prohíbe alcanzar posiciones de prominencia en los lugares de trabajo, o adquirir posesiones, la mujer cristiana no debería sentirse orgullosa por estas cosas. En vez de esto, nuestra meta primaria debería ser buscar las cosas en que Dios se deleita, comenzando por una relación personal con Él y la obediencia a Su Palabra.

Referencias y Notas

  1. Ver Darwin enseñó la superioridad del hombre.
  2. Henry, Matthew, A Commentary on the Whole Bible, vol. 1, Fleming Revell Company, Old Tappan, New Jersey, p. 20, n.d.
  3. Edición en español: Harris, Joshua, Él y ella, Unilit, 2002 (N. del T.).
  4. Harris, Joshua, Boy Meets Girl, Multnomah Publishers, Sisters, Oregon, pp. 110–111, 2000.

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