¿Han encontrado los astrónomos un nuevo noveno planeta en el sistema solar?

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Plutón (Otra vez)

Hace una década, muchas personas se sintieron decepcionadas cuando la Unión Astronómica Internacional, organización que define por primera vez lo que es un planeta, degradó a Plutón de su estatus como planeta. Para que Plutón fuera removido del grupo de objetos que conocemos como planetas, se consideraron por lo menos dos razones. Una de las razones es que Plutón no parece encajar con los otros planetas. En base a propiedades comunes, fácilmente podemos agrupar a los planetas en una de dos categorías: terrestre (como la Tierra), y joviano (como Júpiter). Los primeros cuatro planetas, Mercurio, Venus, la Tierra y Marte, son los planetas terrestres, mientras que los cuatro siguientes, Júpiter, Saturno, Urano, y Neptuno son planetas jovianos. Las propiedades de Plutón hacen que sea difícil integrarlo en alguno de los grupos. La otra razón por la que Plutón fue reclasificado de estado planetario es que es muy pequeño en comparación con los otros planetas. Esto fue llevado a la vanguardia en el 2003 por el descubrimiento de Eris, otro cuerpo de tamaño similar a Plutón y con una órbita similar. Si Plutón es un planeta, entonces, ¿no debería serlo Eris también? Eris era sólo el más grande entre muchos cuerpos pequeños descubiertos desde 1992, en órbita alrededor del Sol, más allá de la órbita de Neptuno. Es muy probable que se encuentren más de estos cuerpos, por lo que, ¿no deberían ser planetas también los más grandes de éstos?

El descubrimiento de tantos pequeños objetos más allá de la órbita de Neptuno ha sido motivado por la búsqueda del Cinturón de Kuiper, una colección hipotética de cuerpos de donde supuestamente proceden cometas de corto período. Muchos astrónomos llaman a estos moradores distantes del sistema solar Objetos del Cinturón de Kuiper (KBOs), aunque algunos (como yo) prefieren el nombre de objetos transneptunianos (TNOs). Lo que piensan los astrónomos ahora es que Plutón fue sólo el primer TNO descubierto, a más de setenta años antes del descubrimiento del segundo. Sin embargo, muchos aficionados a Plutón han cobrado ánimo debido al anuncio del 20 de enero de 2016 que dos astrónomos creen tener evidencia que, después de todo, sí existe un noveno planeta, una especie de sustituto de Plutón.

El descubrimiento de los planetas exteriores

Para entender este nuevo noveno planeta, tenemos que revisar el descubrimiento de los planetas en el sistema solar exterior. Hay cinco planetas que para el ojo humano parecen ser estrellas brillantes. Es más, los cinco son visibles en el cielo de la madrugada a finales de enero y a principios de febrero de 2016.

Dos astrónomos creen tener evidencia que, después de todo, sí existe un noveno planeta, una especie de sustituto de Plutón.

Estos planetas se han conocido desde la antigüedad, y es por esa razón que nuestros nombres para ellos son de dioses del antiguo panteón romano. El primer descubrimiento moderno sobre planetas fue en 1781, cuando el astrónomo alemán nacionalizado británico William Herschel (1738-1822) se topó con un objeto mientras examinaba el cielo con su telescopio. Mientras que las estrellas son meros puntos diminutos cuando se observan a través de un telescopio, Herschel pudo ver que este objeto era un pequeño disco. Al principio pensó que estaba viendo un cometa, pero después de grabar el movimiento del objeto durante varias noches, Herschel fue capaz de calcular una órbita. Se sorprendió al saber que tenía una órbita circular que estaba más o menos dos veces más lejos del Sol de lo que está Saturno. Esto no podría ser un cometa, sino que tenía que ser un planeta. Tomó años para que los astrónomos decidieran cómo llamar a este nuevo planeta pero, finalmente, decidieron seguir con la costumbre de nombrar a los planetas como antiguas deidades romanas, y lo llamaron Urano.

Durante medio siglo, Urano siguió con precisión su órbita alrededor del sol, requerido por la ley de la gravedad de Newton. No obstante, por la década de 1840, hubo ligeras discrepancias entre las posiciones predichas y las observadas sobre Urano. ¿Qué causó esto? Dos matemáticos consideraron el problema, llegando a la conclusión independientemente que un octavo planeta, más allá de la órbita de Urano, podría ser responsable de esto. Desde hace unos años, una vez por cada período orbital, los dos planetas se alinean y la gravedad adicional del planeta exterior tira de Urano, alterando su órbita ligeramente. Llamamos a estos pequeños tirones “perturbaciones”. Una vez que los astrónomos observaron con telescopios la posición predicha de este nuevo planeta, lo encontraron fácilmente. Siguiendo la tradición de nombrar a los planetas al modo de antiguos dioses romanos, los astrónomos pronto llamaron a este nuevo planeta Neptuno.

Todo fue bien durante otro medio siglo, pero a finales del siglo XIX algunos astrónomos pensaban que veían pequeñas discrepancias en las órbitas de Urano y Neptuno, lo que significa que podría haber un noveno planeta más lejos cuya gravedad fuera la responsable. Sin embargo, la situación era un poco diferente esta vez; las discrepancias eran muy pequeñas. Esto significaba que la hipótesis de un noveno planeta no estaba bien definida, lo que resulta en una gran incertidumbre en su posición predicha. Este problema captó la imaginación de Percival Lowell (1855-1916), un astrónomo que había fundado su propio observatorio de investigación en Flagstaff, Arizona, en 1894. Lowell desarrolló técnicas para acelerar la búsqueda. Utilizó un telescopio especial, diseñado para tomar fotografías de gran campo del cielo. Los astrónomos tomaron fotografías de la misma parte del cielo, unas cuantas noches. Las estrellas se mantuvieron fijas, pero todo cuerpo orbital cambió de posición en las dos fotografías. Era laborioso examinar un par de imágenes frente a cualquier objeto en movimiento. Lowell inventó un microscopio de parpadeo para hacerlo más fácil, pero el trabajo todavía era tedioso. En el camino, Lowell y sus colaboradores descubrieron muchos asteroides. La búsqueda continuó después de la muerte de Lowell. Por último, en 1930, Clyde Tombaugh (1906-1997), un joven asistente en el Observatorio Lowell, encontró un objeto apenas visible, orbitando más allá de la órbita de Neptuno. Una vez más, siguiendo la costumbre de nombrar planetas, eligieron al dios romano Plutón.

Fueron las peculiaridades en las órbitas de algunos de estos TNOs que condujeron a la reciente sugerencia que hay otro cuerpo lo suficientemente grande como para ser un planeta, más allá de la órbita de Neptuno.

Casi inmediatamente, los astrónomos se dieron cuenta de que había un problema. Debido a que era apenas visible, Plutón tenía que ser muy pequeño, probablemente demasiado pequeño para tener en cuenta las perturbaciones gravitacionales sobre los planetas exteriores. Sin embargo, la pequeña masa de Plutón no se confirmó sino hasta 1979 con el descubrimiento de Caronte, el satélite más grande, o la luna, de Plutón. Si Plutón no podía dar cuenta de las discrepancias de las órbitas de los planetas exteriores, ¿qué podría hacerlo? Recordemos que las discrepancias eran muy pequeñas. La mayoría de los astrónomos piensan ahora que las discrepancias eran simplemente errores en las mediciones de las posiciones de los planetas exteriores. Si es así, entonces, no hubo discrepancias reales que explicar. En otras palabras, el descubrimiento de Plutón fue sólo por casualidad. No fue hasta 1980 que los astrónomos se dieron cuenta de que necesitaban el Cinturón de Kuiper para explicar la existencia de los cometas de corto período, si es que el sistema solar tuviese en verdad miles de millones de años de antigüedad. Esto llevó a la reevaluación de Plutón como sólo uno de los miembros más grandes de un cinturón entero de asteroides más allá de Neptuno (TNOs) y, en la década de 1990, comenzó la búsqueda de otros miembros.

La hipótesis del noveno planeta

Fueron las peculiaridades en las órbitas de algunos de estos TNOs que condujeron a la reciente sugerencia que hay otro cuerpo lo suficientemente grande como para ser un planeta, más allá de la órbita de Neptuno. En el 2003, los astrónomos descubrieron el TNO Sedna. Su distancia promedio del sol es 524 veces la distancia que la Tierra tiene del sol. Los astrónomos definen la unidad astronómica (A.U. por sus siglas en inglés), que es la distancia promedio entre la Tierra y el Sol, por lo que la órbita de Sedna es 524 AU en tamaño. A esta distancia, a Sedna le toma 11.400 años para orbitar alrededor del sol. A diferencia de los planetas que tienen órbitas casi circulares, los TNOs tienen órbitas muy elípticas. Sedna está sólo a 76 AU en su punto más cercano al Sol (perihelio) y a un enorme 936 AU en su punto más alejado del Sol (afelio). Por otra parte, los planos orbitales de los TNOs tienden a estar más inclinados, o ladeados, hacia los planos de las órbitas de los planetas. Por ejemplo, la inclinación de la órbita de Sedna a la órbita de la Tierra es casi de doce grados; las inclinaciones de las órbitas de los planetas son mucho menores que eso.

En el momento de su descubrimiento, Sedna fue el objeto conocido más lejano del sistema solar. Sin embargo, varios otros objetos que están un poco más alejados del sol son ahora conocidos. Todos ellos están cerca de su perihelio, por lo que finalmente se moverán mucho más lejos del sol. No es casualidad que estos TNOs fueran encontrados cerca al perihelio, es por esto que parecen más brillantes. Aunque Sedna no es el objeto más distante del sistema solar en este momento, su órbita tiene la mayor distancia de afelio conocida que cualquier otro objeto con una órbita razonablemente bien definida. Por lo tanto, la órbita de Sedna es reconocida como la más lejana del sistema solar. En el 2012, los astrónomos descubrieron el objeto 2012 VP 113 (este objeto aún no ha recibido un nombre propio oficial, sus descubridores lo llaman informalmente Biden, por el vicepresidente de los Estados Unidos, Joe Biden, a la entrada de la Vice Presidencia en su designación), aunque el anuncio de su descubrimiento fue retrasado hasta el 2014. La órbita de 2012 VP113 es de aproximadamente 260 AU en tamaño, con un perihelio de 80 AU y un afelio de aproximadamente 450 AU. Se estima que su período orbital es de 4.300 años.

A partir de la Palabra de Dios, entendemos que el mundo tiene sólo miles, no millones, de años de antigüedad. Por lo tanto, considero que es poco probable que exista este hipotético noveno planeta.

El TNO 2012 VP113 reunió atención porque, mientras que su órbita es diferente en algunos aspectos de la de Sedna, la orientación de su perihelio es casi idéntica. De hecho, el grupo de los otros TNOs lejos, ya conocidos, tienen perihelios en aproximadamente el mismo lugar general en el sistema solar como Sedna y 2012 VP113. Aunque el tamaño de la muestra es ciertamente pequeña, cabría esperar que las órbitas estén más orientadas de manera aleatoria, pero no lo están. La probabilidad de esta agrupación de perihelios por coincidencia es muy baja, por lo que hay probablemente alguna razón. En un artículo que será publicado en The Astronomical Journal, dos astrónomos han propuesto un noveno planeta como una solución. Las perturbaciones gravitacionales del hipotético planeta número nueve podrían acumularse para colocar estos TNOs en esta alineación inusual. Para ello, el noveno planeta tendría que tener por lo menos diez veces la masa de la Tierra. A diferencia de Plutón, esto claramente es suficiente para ser considerado un planeta. Orbitaría a una distancia promedio de aproximadamente 700 AU del sol. Sin embargo, su órbita sería muy elíptica, bastante diferente a la de cualquier otro planeta.

Conclusión

¿Existe realmente este planeta? Sólo el tiempo lo dirá. Con esa gran distancia del sol, sería extremadamente imperceptible, y requeriría los mayores telescopios del mundo para encontrarlo. Además, al igual que la búsqueda del noveno planeta anterior, la ubicación no está bien definida, por lo que la búsqueda probablemente tomaría muchos años. Probablemente, el valioso tiempo de los telescopios más grandes no sería dedicado a esta búsqueda. Puede ser que otras hipótesis se desarrollen, las cuales de todas formas explicarían los datos. O tal vez es casualidad que estos TNOs tienen tales perihelios similares. Por otra parte, otros descubrimientos de TNOs distantes pueden tener diferentes orientaciones orbitales, eliminando así el problema que requiere explicación.

Una cosa que tengo que tener en cuenta es que esta explicación requiere millones de años para perturbar los TNOs en su orientación. A partir de la Palabra de Dios, entendemos que el mundo tiene sólo miles, no millones, de años de antigüedad. Por lo tanto, considero que es poco probable que exista este hipotético noveno planeta. La publicación de este artículo que sugiere un hipotético noveno planeta ha generado probablemente más cobertura de lo que merece. Para aquéllos que todavía se preocupen por la pérdida de Plutón como noveno planeta, este potencial nuevo planeta podría restaurar el orden que una vez conocieron. Sin embargo, es probable que con el tiempo esta historia pierda su credibilidad.

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