Las preguntas existenciales más difíciles

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¡Solamente necesitas conocer algunos aspectos básicos de la apologética!

Cualquiera que ha conversado con un cristiano evolucionista sabe cuán frustrante puede llegar a ser tratar de convencer a dicho hermano o hermana que su posición tiene tremendos problemas. Por razones similares, puede ser tan difícil como convencer a no–cristianos.

Un número de cristianos, junto con sus homólogos mundanos, parecen más que felices de vivir con una disonancia cognitiva. Los cristianos pueden con mucha felicidad adorar a Dios el Creador los domingos y entonces inclinarse en el altar del dios del azar el resto de la semana. Mientras tanto, justifican su posición apelando al supuesto árbitro de toda verdad: la ciencia.

Yo creo que la solución es mostrarles la verdadera razón por la cual ellos luchan con la ciencia: su cosmovisión defectuosa.

La mayoría de las personas ha sido inundada con el humanismo secular y el marxismo socialismo sin la más mínima inclinación de examinar cómo han sido teñidas nuestras creencias por la manera antropocéntrica en la cual hemos sido condicionados para pensar.

A menos que aprendamos a ayudar a otros a reevaluar críticamente su cosmovisión, ellos van a fallar en ver cómo sus suposiciones erróneas y humanistas influyen en su posición en asuntos como creación y evolución. Más importante, a menos que los cristianos aprendan cómo desafiar a las personas a examinar sus cosmovisiones desde una perspectiva bíblica, vamos a fallar en comunicar efectivamente el evangelio.

Los principales interrogantes

Cada ser humano que existe o ha existido o vivirá se ha hecho, se está haciendo o se hará cuatro preguntas básicas. Son siempre las mismas cuatro preguntas básicas, no importa donde vivas, ya sea en Asia, África, Europa o Norteamérica, si viviste en el primer siglo, el siglo veintiuno o si es que el Señor lo permite, el siglo treinta y uno. De hecho, virtualmente cada pregunta seria puede ser resumida en una de estas cuatro:

  1. ¿Quién soy yo?
  2. ¿Por qué estoy aquí?
  3. ¿Por qué está tan mal el mundo?
  4. ¿Cómo se puede arreglar lo que está mal en el mundo?

Quizá no todos articulemos esas preguntas con esas palabras exactas pero, en nuestra alma, cada uno de nosotros lucha con esas cuatro preguntas básicas.

Si le hacemos esas cuatro preguntas a nuestra cultura, obtendremos un conjunto de respuestas. Pero sus respuestas nos dejan en espera y con una sensación de vacío.

¿Cómo entonces debemos responder? Colosenses 1 muestra cómo responde la cosmovisión cristiana a estos mismos temas. Al aprender lo que señala acerca de la supremacía de Cristo, podemos responder a las preguntas más difíciles de la vida. Comencemos con el versículo 15 mientras revisamos las preguntas respectivamente.

Pregunta 1: ¿Quién soy yo?

La visión de nuestra cultura

Eres un accidente. Eres un error. Eres un mono glorificado. Eres el resultado de procesos evolutivos aleatorios. Eso es. Sin rima. Sin razón. Sin propósito. En última instancia, no eres nada. Ésta es la patética realidad cuando la evolución sigue su curso ideológico. Llevando la idea a su conclusión lógica: el hombre no tiene más valor que un ratón del campo; y si el ratón de campo es una especie en peligro de extinción que pasa a compartir la propiedad del hombre, adivine quién tiene que moverse.

La visión bíblica

Él es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación. Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él. Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten; y él es la cabeza del cuerpo que es la iglesia, el que es el principio, el primogénito de entre los muertos, para que en todo tenga la preeminencia. (Colosenses 1:15–18)

Ahora usted puede estar perplejo en cuanto a cómo puede este texto ser una respuesta a la pregunta: “¿Quién soy yo?” La respuesta es que usted no puede averiguar quién es usted hasta que primero descubra quién es Él. Jesús es la imagen del Dios invisible. Él es Dios con nosotros, Dios entre nosotros. Él es el Todopoderoso, “porque por Él todas las cosas fueron creadas”. Él es el Creador de todas las cosas.

¿Qué cosas creó Jesús? Todas las cosas en el cielo y la tierra. Tronos, dominios, gobernantes, autoridades, todas las cosas fueron hechas por Él. Todas las cosas fueron hechas a través de Él.

Esto nos hace remontar y volver a Juan 1:1: “En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios”, lo cual nos lleva más atrás a Génesis 1:1 “En el principio creó Dios los cielos y la tierra”. Si continuamos leyendo, encontraremos estas maravillosas palabras: “Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza”.

Mientras que nuestra cultura postmoderna dice que soy el resultado de procesos aleatorios, la Biblia dice que soy la gloriosa corona de la creación de Dios.

Entonces, ¿quién soy yo? Mientras que nuestra cultura postmoderna dice que soy el resultado de procesos aleatorios, la Biblia dice que soy la gloriosa corona de la creación de Dios (vea Salmos 8:5) La Biblia dice que Él me tejió en el vientre de mi madre (Salmo 139:13) Yo no soy un accidente. Yo no soy el resultado de procesos aleatorios. Así que si soy alto y hermoso o pequeño y no tan guapo, si mi cuerpo funciona perfectamente o está deformado gravemente, soy la gloria de coronación de la creación de Dios, y como resultado tengo dignidad, mérito y valor inherentes. La visión bíblica no puede anidar ideas como el racismo, el clasismo o la eugenesia.

¿Quién soy yo? ¿Quién eres tú? Tú eres la gloriosa corona de la creación de Dios.

Pregunta Dos: ¿Por qué estoy aquí?

La visión de nuestra cultura

Tú estás aquí para consumir y gozar. Obtén todo lo que puedas. Mantén todo lo que consigas. Ponte cómodo. Por eso estás aquí. Eso es lo único que importa.

Incluso miramos a los niños como una plaga y como una carga. ¿Por qué? Porque interrumpen el camino de nuestro consumo y nuestro disfrute. Cuestan demasiado. Ése es el fruto del postmodernismo y del humanismo secular.

Cuando juntas el consumo y el placer, obtienes resultados terribles. Si no tengo ni ton ni son o razón para mi existencia -si no soy más que el resultado de procesos evolutivos al azar y existo sólo para consumir y disfrutar -las únicas cosas que importan son si soy más poderoso que tú y si es que tú tienes algo que quiero para mi disfrute. Si es así, entonces está bien para mí tomar de ti lo que deseo para mi propia satisfacción.

Ésa es la mentalidad general en nuestra cultura, tanto dentro como fuera de la iglesia, que resulta en un materialismo inextinguible. Incluso miramos a los niños como una plaga y como una carga. ¿Por qué? Porque interrumpen el camino de nuestro consumo y nuestro disfrute. Cuestan demasiado. Ése es el fruto del postmodernismo y del humanismo secular.

La Visión Bíblica

. . . todo fue creado por medio de él y para él. Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten; y él es la cabeza del cuerpo que es la iglesia, el que es el principio, el primogénito de entre los muertos, para que en todo tenga la preeminencia; por cuanto agradó al Padre que en él habitase toda plenitud (Colosenses 1:16b–19)

La Biblia responde a la pregunta de por qué estoy aquí muy diferentemente a cómo responde nuestra cultura. De nuevo, nos volvemos a la supremacía de Cristo.

“. . . todo fue creado por medio de él y para él”. El propósito último de todas las cosas es traer a Cristo gloria y honor, y que Él debe tener la supremacía en todas las cosas. Entonces, ¿quién soy yo? La corona y gloria de la creación de Dios. ¿Por qué estoy aquí? No sólo para consumir y disfrutar, sino para traer gloria y honor al Señor Jesucristo. Por eso existo. Es por eso que usted existe. Por eso nos inspiró el aliento de la vida.

Cristo es el que debe tener supremacía y preeminencia en todas las cosas. Él debe tener supremacía y preeminencia en su vida, supremacía y preeminencia en la iglesia, supremacía y preeminencia sobre la muerte y el infierno y la tumba: la supremacía y preeminencia sobre todo.

Pregunta Tres: ¿Por qué está tan mal el mundo?

La Visión de Nuestra Cultura

Si les preguntas a los humanistas seculares lo que está mal con el mundo, la respuesta es muy simple. La gente no está suficientemente educada o está insuficientemente gobernada. Las personas o no saben lo suficiente, o no están siendo observados lo suficiente.

La Visión Bíblica

. . . por cuanto agradó al Padre que en él habitase toda plenitud, y por medio de él reconciliar consigo todas las cosas, así las que están en la tierra como las que están en los cielos, haciendo la paz mediante la sangre de su cruz”. Y a vosotros también, que erais en otro tiempo extraños y enemigos en vuestra mente, haciendo malas obras. (Colosenses 1:19–21).

¿Qué hay de malo en el mundo? Tú lo eres. “…enemigos en vuestra mente, haciendo obras de maldad”. A pesar de que tú eres la gloria de coronación de la creación de Dios, creado para traer gloria y honor al Señor Jesucristo, en lugar de eso eres hostil hacia Aquél por quien y para quien tú fuiste creado. Eso es lo que está mal con el mundo. En resumen, el pecado como el tuyo es lo que está mal con el mundo.

El problema no está “ahí afuera” en alguna parte; el problema con el mundo soy yo. El problema es el hecho de que no reconozco la supremacía de Cristo de verdad. El problema es que empiezo conmigo mismo como la medida de todas las cosas. Yo juzgo a Dios basado en lo bien que Él lleva a cabo mi agenda para el mundo, y yo creo en mi propia supremacía. Y como resultado, quiero un Dios que es omnipotente pero no soberano. Quiero poder manejar Su poder. Pero si mi Dios es omnipotente y soberano, estoy a Su merced.

¿Quién soy? La gloria de coronación de la creación de Dios, entretejido desde el vientre de mi madre. ¿Por qué estoy aquí? Estoy aquí para traer gloria y honor al Señor Jesucristo. ¿Qué hay de malo en el mundo? Yo. No hago lo que fui creado para hacer.

Pregunta Cuatro: ¿Quién puede arreglar lo que está mal en el mundo?

La Visión de Nuestra Cultura

Más educación. Más gobierno. Ésa es la única respuesta que nuestra cultura puede proponer. ¿Cómo podemos combatir el SIDA? Concienciación sobre el SIDA. ¿Cómo combatimos el racismo? Clases anti odio. ¿Qué hacer con el hombre que golpea a su esposa? Clases para manejar la ira. Solamente denle más información a la gente, y todo estará bien.

Pero si tomas a un ser humano pecaminoso y asesino y educas a ese individuo, simplemente se vuelve más sofisticado en su capacidad de destruir. El mundo está mucho más educado hoy que durante la Primera Guerra Mundial. ¿Cómo estamos? ¿Estamos viendo menos guerras? No. Sólo técnicas de matanza más sofisticadas.

Si más educación no es la respuesta, tal vez la solución sea más gobernabilidad. ¿De verdad? Hay dos problemas con ese tipo de pensamiento. Primero, ¿quién gobierna a los gobernadores? Segundo… Olvida un segundo problema; el primero es suficiente.

La Visión de la Biblia

. . . en su cuerpo de carne, por medio de la muerte, para presentaros santos y sin mancha e irreprensibles delante de él; si en verdad permanecéis fundados y firmes en la fe, y sin moveros de la esperanza del evangelio que habéis oído, el cual se predica en toda la creación que está debajo del cielo; del cual yo Pablo fui hecho ministro. (Colosenses 1:22–23)

¿Cómo se puede arreglar lo que está mal en el mundo? Mira otra vez esta parte de Colosenses. ¿Te imaginas cómo sería la vida si no seguimos las declaraciones de la Biblia acerca de lo que está mal?

Entonces, ¿cómo se puede arreglar lo que está mal? Vemos dos cosas en el último conjunto de declaraciones de Pablo. Primero, vemos que lo que está mal puede ser hecho justo por la muerte penal, sustitutiva y expiatoria de Cristo. Y en segundo lugar, por esa declaración (v. 23), vemos que no puede ser realizada por cualquier otro medio.

La supremacía de Cristo en la verdad y la redención se encuentra en Su exclusividad. No hay otro medio por el cual el hombre pueda ser justificado “Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos” (Hechos 4:12). “Porque también Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios, siendo a la verdad muerto en la carne, pero vivificado en espíritu” (1ª Pedro 3:18). “Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros” (Isaías 53:6).

¿Cómo se puede arreglar lo que está mal? La Biblia dice: “Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él” (2 Corintios 5:21). Llegó un día en que Dios Padre aplastó y mató a su único Hijo en nuestro lugar para satisfacer Su ira: “Con la mira de manifestar en este tiempo su justicia, a fin de que él sea el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús” (Romanos 3:26).

EL CORDERO DE DIOS SIN MANCHA Y SIN PECADO ES APLASTADO, RECHAZADO Y MATADO PARA PAGAR UNA DEUDA QUE NO HIZO, EN NOMBRE DE LOS PECADORES QUE NO PODRÍAN NUNCA PAGARLE DE VUELTA.

¿Puedes escuchar las preguntas retóricas del Calvario? ¿Fue eso suficiente para tu pecado? ¿Fue eso suficiente para que reconocieras la supremacía de Cristo en la verdad y cómo se relaciona con la redención? Nada más podría haber sido hecho que hubiera permitido que Dios fuera justo y justificado. Pero en la humillación y exaltación de Jesucristo encontramos la resolución de la pregunta: “¿Cómo puede arreglarse lo que está mal?”

Escucha mientras el escritor del himno proclama: “Hay un precioso manantial de sangre de Emanuel, que purifica a cada cual que se sumerge en él. Que se sumerge en él, que se sumerge en él. Que purifica a cada cual que se sumerge en él” (Himno de William Cowper: “Hay un precioso manantial”, 1772).

¿Quién puede arreglar lo que está mal en el mundo? El cordero de Dios sin mancha, sin pecado es aplastado, rechazado y matado para pagar una deuda que no hizo, en nombre de los pecadores que no podrían nunca pagarle de vuelta.

Conclusión

  1. ¿Quién soy? La corona y gloria de la creación de Dios.
  2. ¿Por qué estoy aquí? Para traer gloria y honor al Señor Jesucristo.
  3. ¿Qué hay de malo en el mundo? Yo y todos los que como yo que se negaron a reconocer la supremacía de Cristo y en su lugar decidieron vivir en la búsqueda de la supremacía del yo.
  4. ¿Cómo se puede arreglar lo que está mal? A través de la muerte penal, sustitutiva y expiatoria del Hijo de Dios, y por el arrepentimiento y la fe por parte de los pecadores.

Cuando usted yuxtapone estas dos visiones del mundo—la de la cultura versus la de la Biblia—sucede algo muy interesante.

Por un lado, usted ve el vacío y la desesperanza. El hombre no vale nada. Se le deja para perseguir su propia satisfacción, pero nunca puede encontrarla.

Por otro lado, usted es precioso y tiene un propósito. Aunque usted es impotente, eso está bien porque ha sido comprado. Nuestras respuestas provienen del reconocimiento de la supremacía de Cristo en un mundo posmoderno.

Mientras caminamos por las carreteras y caminos y miramos a los ojos sin vida de los individuos que han comprado la mentira de la cultura, tengamos la seguridad de que por la gracia de Dios poseemos la respuesta y somos poseídos por la Respuesta. La respuesta es Cristo y Su supremacía de la verdad. Lloremos que aquéllos que caminan sin rumbo a través de esta vida nunca estén satisfechos con las respuestas que nuestra cultura ha considerado oportuno dar.

Cuanto más lejos hemos huido de la supremacía de Cristo, más lejos hemos huido de lo único que jamás satisfará y lo único que bastará. La supremacía de Cristo en la verdad también significa la suficiencia de Cristo en la verdad. Nosotros predicamos a Jesús y a Él crucificado (1 Corintios 1:23). “Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es el poder de Dios para la salvación a todo aquel que cree, al judío primeramente, y también al griego” (Romanos 1:16).

Ésta es la supremacía de Cristo en la verdad en un mundo postmoderno, moribundo, en descomposición, en decadencia y herido. Abracémosla, pues, y proclamémosla con pasión y confianza, incansablemente. Después de todo, es por eso que estamos aquí.

Nota del editor: Adaptado por Voddie de su capítulo en La supremacía de Cristo en un mundo posmoderno, John Piper y Justin Taylor, eds. (2007), págs. 51–68. Utilizado con permiso de Crossway Bibles, un ministerio editorial de Good News Publishers, Wheaton, Illinois (www.crossway.com).

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