Identidad transgénero—Desechando el diseño de Dios

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Nota del editor: Este artículo fue publicado originalmente en la revista Answers.

Génesis 1:27 dice que Dios los creó “varón y hembra”. No importa que tan arduamente lo intenten algunas personas, no se puede desechar o desaparecer esta fundamental realidad física–y eso es algo bueno.

Si en la nocturnal quietud,
ves brillar la estrella azul,
todo lo que pidas se realizara”

En la película Pinocho de 1940, Pepe Grillo le canta esas famosas palabras a un desafortunado muñequito de madera que anhela ser algo diferente. La historia es conmovedora. En nuestros días, sin embargo, la gente no aplica tal clase de mensajes inspiradores siguiendo las maneras tradicionales. “Todo lo que pidas” ha sido manipulada.

La frase ahora inspira a personas a reconstruirse quirúrgicamente de maneras en la que Walt Disney no podría haberse imaginado. Somos testigos del esparcimiento de la identidad “transgénero”, en la que hombres buscan convertirse en mujeres y mujeres buscan convertirse en hombres.

En el 2015, ésta no es una situación aislada o extraordinaria. Es una tendencia creciente y un desafío importante para la iglesia cristiana por la manera en la que el mundo ha interpretado esta situación.

¿Cómo debemos ver el cuerpo como cristianos?

Obviamente, los creadores de Pinocho no tenían individuos “transgénero” a la vista cuando hicieron su famosa película. Ellos sólo querían que los chicos y las chicas soñaran en grande.

Mientras que los países occidentales han perdido su moral judeo-cristiana restrictiva y su tradicional visión de la hombría y femineidad, nosotros hemos abrazado un individualismo radical.

Nuestra mentalidad ha creado lo que el teólogo R. Albert Mohler Jr. llama una “cultura desplazable”.

El individualismo radical hace a un lado toda moral restrictiva a fin de lograr la máxima felicidad personal.

En mi libro Risky Gospel (Evangelio riesgoso), defino esta mentalidad como deísmo ególatra optimista.1 “Puedo hacer lo que yo quiera,” es lo piensa que mucha gente, “y Dios existe para hacer realidad todos mis sueños”. Esta perspectiva ha influenciado la manera en la que mucha gente ve su cuerpo. El cuerpo no fue hecho por Dios para Su propia gloria. Es una pizarra en blanco en la que puedes dibujar cualquier identidad, cualquier expresión propia, que nosotros elegimos. Úsalo, abusa de él, haz lo que quieras con él. Ésta es la idea neo-pagana.

La Biblia nos enseña una perspectiva muy diferente. Nuestra hombría o femineidad no fue accidental; nos ha sido dada por Dios como un regalo. Nosotros habitamos nuestros cuerpos creados por Dios como vasijas de deleite, templos del Espíritu Santo tal como dijo Pablo en 1 Corintios 6:19. Nuestra sexualidad apunta a lo que los teólogos llaman “complementaria”. Hombre y mujer son un “tipo de carne” (1 Corintios 15:39), pero no somos lo mismo. Esto es verdad en varios aspectos. Tal como lo indica la Escritura y el sentido común muestra, hombres y mujeres son diferentes anatómicamente. Adán llamó a su esposa “varona” porque era distinta a él, un hombre (Génesis 2:23). Sólo un hombre puede proveer la materia prima para la procreación; sólo una mujer puede tener hijos y criarlos.

Los científicos no-cristianos han reconocido las diferencias corporales de los sexos. Anne y Bill Moir, por ejemplo, han notado que los hombres tienen en promedio 10 veces más testosterona que las mujeres.2 Estudios demuestran que las mujeres usan un vocabulario suficientemente diferente al de los hombres, como para considerarse “estadísticamente significativo”.3 También somos diferentes emocionalmente. La Escritura proclama esta verdad al hacer un llamado a que hombres piadosos traten a sus esposas como “vaso frágil” (1 Pedro 3:7; Colosenses 3:19). Éstos y otros patrones constituyen los distintivos de nuestra hombría o femineidad. Nuestras diferencias, que son claras, son considerables. Han sido dadas por Dios.

Nos complementamos uno al otro. Este crédito le pertenece al diseño original de Dios. Él creó a Adán, pero no había una “ayuda idónea” que encajara con él (Génesis 2:18). Así que el Señor, en Su bondad y sabiduría, creó a Eva. Ella de inmediato fue un deleite para Adán al ser presentada a él. “¡Esto es ahora hueso de mis huesos y carne de mi carne!” fue lo que dijo él (Génesis 2:23). Su femineidad no pasó desapercibida por Adán; lo cautivó.

Satanás siempre ha tratado de usurpar el orden del creador. Él tomó la forma de una serpiente para tentar al hombre y a la mujer (Génesis 3:1–7). Adán tenía el llamado a ejercer dominio sobre los animales, pero, aun así, un animal lo dominó a él en la caída. Adán era la cabeza de su esposa, pero él renunció a su papel como jefe al permitir que su esposa fuera tentada por Satanás y al permitir a su esposa guiarle a comer el fruto prohibido. Siendo ella engañada acerca de las consecuencias de su rebelión, conscientemente guio a su esposo al pecado de la desobediencia. Éste es un retrato de su rechazo hacia Dios. El Señor le mostró a Adán su falta en guiar a Eva cuando le preguntó: “¿Dónde estás tú?” indicando que Adán tenía la responsabilidad espiritual de proteger a su esposa. Él falló en esta santa tarea; además, preparó el camino para que Eva desobedeciera a Dios. El fracaso de Adán, guio al fracaso de Eva y ambos fueron encontrados culpables por el Señor.

La justa maldición que Él decretó sobre su humanidad, tuvo consecuencias físicas y espirituales. Ambos perdieron la vida eterna y acarrearon juicio de muerte eterna sobre la raza humana. Sus cuerpos, que habían recibido para glorificar a Dios, ahora llevarían las marcas de la caída en maneras específicas por género. El trabajo de Adán para proveer, fue maldecido, ahora la tierra le daría batalla mientras la trabajaba. La manera en la que Eva daría a luz, fue maldecida, y lo que debería haber sido un proceso hermoso llegó a ser doloroso, y aun amenazante para su vida.

Los sexos fueron también puestos en competencia y Dios dijo que el deseo de Eva sería para su marido. Esta palabra es también usada en Génesis 4:7 en donde Dios le dice a Caín que el deseo del pecado es para él, lo que significa que la maldad está buscando dominarlo y reinar sobre él. Así que la mujer buscaría guiar y dominar a su esposo. Cuando hacemos caso a Satanás, vendrá a nosotros dolor y quebrantamiento, y los roles por género que se nos han dado en las Escrituras son desvirtuados y atacados.

Hay una tensión clara y profunda entre el diseño de Dios y los ataques de Satanás a ese diseño. El Señor creó al hombre y a la mujer y les dio roles específicos para ser ejecutados para la gloria de Dios; Satanás se enfoca en el hombre y en la mujer y les induce a deslizarse del diseño de Dios. Dios ordena y estructura; Satanás rompe; Dios da vida; Satanás la destruye. Estos trágicos patrones son tan antiguos como la tierra misma. No son nuevos, pero han mutado con el tiempo.

La cultura occidental ha desarrollado ampliamente su rebelión. Ha negado los distintivos de la creación divina; ha rasgado la singularidad de los sexos; se rebela contra el señorío de Cristo. La sabiduría y diseño de Dios son rechazados, y la Palabra de Dios, en resumidas cuentas, es blasfemada.

¿Qué piensa nuestra cultura actual acerca del cuerpo?

En los últimos 50 años, los cristianos en Estados Unidos han observado cómo nuestra sociedad ha creado para sí mismo un nuevo y temerario orden. El feminismo y la revolución sexual han transformado el típico hogar americano. Muchos hombres han perdido por completo el sentido de responsabilidad por su familia. Se han vuelto pasivos y enfocados en sí mismos. Muchas mujeres sienten una gran tensión entre su carrera profesional y su hogar. Revistas seculares sobre estilo de vida les dicen que deben buscar el balance de una vida-laboral perfecta, lo cual es muy difícil de encontrar. De manera creciente, los sexos están en competencia. Estas nuevas modalidades o desarrollos conflictivos representan la fase uno de la transformación del hombre y la mujer.

La fase dos es la propagación del movimiento homosexual. Dirigido por celebridades en los 80´s, el movimiento homosexual se erigía gracias al auge de la presión feminista y la revolución sexual, que ahora pretende que prevalezca el comportamiento homosexual. El movimiento homosexual da por sentado que los hombres y las mujeres no son diferentes en maneras realmente significantes. En términos generales, la moral bíblica restrictiva ha sido puesta a un lado. El amor romántico no era el propósito en ninguno de los modos del diseño. Es sólo un sentimiento. Por lo tanto, no tiene ningún deber, no hay convenios que cumplir, ni un compromiso al cual permanecer fiel. Si persiste, genial. Si el sentimiento de amor se apaga, entonces la relación también se extingue.

En la fase uno, los roles asignados por género, fueron reformados. En la fase dos, el amor fue reformado. En la fase tres el cuerpo mismo es reformado. La ideología “transgénero” está plantada en la idea que el cuerpo no es parte esencial de nuestro ser (un punto de vista conocido como “esencialismo”). Nuestra “identidad de género” es flexible, es una estructura social que puede cambiar. Bien podríamos ser un hombre atrapado en el cuerpo de una mujer, por ejemplo. Nuestra identidad no necesariamente hace juego con nuestro cuerpo. En tales circunstancias, muchas personas “transgénero” optan por cirugías reconstructivas a fin de que su identidad encaje con su cuerpo (irónicamente, una perspectiva esencialista)

Esta tendencia ha tomado impulso en nuestros días. La serie de Televisión Transparent (Transparente) ha tenido muy buena aceptación en Amazon Prime (compra de videos, películas y series por internet), que por cierto, es conducido por un personaje que ha adoptado la identidad transgénero. Las preparatorias (educación media superior) de Minnesota tomaron acción a finales del 2014 al permitir que estudiantes transgénero pudieran participar en equipos de deportes de hombres o de mujeres – según fuera su elección. En Maine y California, los estudiantes identificados como transgénero, pueden usar cualquiera de los baños públicos de su elección. Las celebridades promueven este punto de vista en sus propios hogares, con estrellas como Brad Pitt y Angelina Jolie encabezando la lista, alentando públicamente a su hija Shiloh a llamarse a sí misma “Jonh” (Juan) y vestirse con ropa de hombre. La manera revolucionaria de dirigirse al cuerpo, es verlo como un proyecto de arte, un modo de auto-expresión, en lugar de verlo como una creación de la mente divina y que intencionalmente fue creado para la exaltación y gloria de Dios.

Para los cristianos, debería estar claro que esta última fase de nuestra cultura cambiante, global y que se aleja de los principios judeo-cristianos, es algo realmente preocupante y significativo.

Somos testigos de cómo están siendo desechos los fundamentos del orden creado por Dios. Ante tales circunstancias, ¿qué debemos hacer? Permítame sugerir 4 respuestas que nos corresponden como cristianos.

¿Qué pueden hacer los cristianos en la actualidad? 4 Sugerencias.

Primero, debemos reconocer que estamos viendo frente a nuestros ojos anarquía moral al observar cómo las naciones occidentales abandonan toda semblanza de autoridad bíblica. No hay nada más esencial en nuestras vidas que la hombría y la femineidad. Nuestra cultura ha abrazado la identidad transgénero y, al hacerlo, hemos desarraigado la mismísima estructura de nuestra existencia corporal. Rechazar esta realidad es abrazar el caos. Una incontable cantidad de chicos y chicas serán dañados al hacerlo. Pero sobre todo, Dios no es obedecido ni honrado.

Las tasas de suicidio entre gente transgénero muestran el daño que causa esta elección. Paul McHugh, jefe del departamento de psiquiatría de la Universidad Johns Hopkins ha recalcado en el periódico Wall Street Journal que la tasa de suicidio entre individuos transgénero, es 20 veces mayor que entre la población regular.4 Abrazar la identidad transgénero a niveles culturales no produce felicidad ni plenitud. Más bien, va mano a mano con desorden y confusión personal.

En segundo lugar, debemos celebrar la belleza del diseño creativo de Dios. La iglesia cristiana y la familia piadosa deben estar en un festival de alegría. Debemos regocijarnos que Dios en Su soberana sabiduría ha abierto nuestros ojos para que podamos ver que Él nos ha hecho de acuerdo a Su perfecto diseño. La hombría y la femineidad no son el Plan B. Dios mismo nos hizo tal como somos. Somos el pináculo de Su creación.

La obra creadora de Dios es minimizada por todas partes hoy en día. Aun en contextos evangélicos, está siendo cada vez más aceptable enseñar que la humanidad no es realmente tan especial. Adán y Eva no fueron literalmente el primer hombre y la primera mujer, sino que meramente fueron seleccionados de un grupo de homínidos a fin de representar a la humanidad. La Biblia enseña un mejor pacto o trato que éste. (Ver Hebreos 12:24). Un mundo secularizado y en tinieblas pretende quitar mitos sobre el cuerpo humano. Dios y Su Palabra, por el contrario, lo dignifican, probándonos que el cuerpo no fue hecho solamente como un mero instrumento del que sacamos provecho, sino que fue hecho también para adoración. Los cristianos celebramos la belleza del cuerpo, celebramos la hombría, la femineidad porque comprendemos que debemos nuestra forma al diseño divino. 5

En tercer lugar, debemos retomar nuestro compromiso de entrenar a nuestros hijos. Las diferencias corporales entre un hombre y una mujer, son algo real. Esas diferencias, en la manera en la que fuimos hechos, fueron específicamente diseñadas por nuestro Creador. De una manera práctica, debemos enseñar esas diferencias a nuestros hijos. Ellos deben comprender que ser un niño o una niña es un asunto concerniente a la gloria de Dios. Los niños no deberían avergonzarse por tener gusto por las cosas de varones, ni a las niñas debería apenarles adoptar un comportamiento natural por las cosas de niñas. Los cristianos deberíamos fomentar esta clase de conciencia. Muchos padres descubrirán que sus hijos de manera natural disfrutan de ser un niño o una niña, un futuro hombre o una futura mujer. Debemos constantemente recordar a nuestros hijos que fue Dios quien los hizo tal como son. Debemos fomentar en ellos que asuman y se apropien de la hombría o femineidad respectivamente.

Al hacerlo, estaremos imitando el patrón bíblico de padres sabios. “. . . esfuérzate” le dijo David a Salomón, “y sé hombre” (1 Reyes 2:2). Por supuesto que los padres no pueden garantizar que sus hijos tendrán un comportamiento piadoso. Salomón claramente eligió exhibir su hombría de un modo pecaminoso. Pero sí podemos pastorear, guiar a nuestros hijos y exaltar la bondad de la hombría y femineidad.

Si nosotros no enseñamos a nuestros hijos sobre género y sexualidad, podemos estar seguros que nuestra cultura no-bíblica lo hará. Los formadores de nuestra cultura quienes desobedecen las Escrituras, son persuasivos, presionan demasiado y están prestos para des-adoctrinar a nuestros hijos. Padres y madres, debemos retomar nuestro compromiso de entrenar a nuestros hijos a que vean el mundo del modo bíblico a fin de que ellos no abracen una visión del mundo que sea la visión cultural.

En cuarto lugar, debemos alcanzar a otros con compasión y hacer un llamado al arrepentimiento. Debemos alcanzar a aquéllos que han sido maldecidos por la caída de Adán, tal y como nosotros lo fuimos. Puede ser que nosotros tengamos una respuesta exagerada e intolerante al pecado, pero esa respuesta nunca debe eliminar nuestro instinto de mostrar misericordia a los perdidos. Las personas transgénero, estarán en aumento común en nuestro vecindario y en nuestras comunidades. Tenemos una opción: podemos pecaminosamente evitarlos, o podemos intentar alcanzarlos con amor y convicción y evangelizarlos. (Ver Mateo 9:10–13).

La conversión para individuos transgénero no será algo aseado y limpio. Será un desorden y un tiradero. Abarcará el hecho de reconocer que el pecado nos ha corrompido en cada fibra de nuestro ser (Isaías 64:6). Pero el evangelio es más poderoso que el pecado. La muerte de Cristo nos lava y nos limpia, y la resurrección de Cristo nos da vida. La Resurrección levantó el espíritu de Cristo, al mismo tiempo que renovó Su cuerpo.

Los pastores deben predicar sobre lo que implica la Resurrección para todas las personas, incluidas las personas transgénero. Llegar a la fe tiene profundas implicaciones para nuestros cuerpos. Para aquellas personas que han abrazado una identidad transgénero, el arrepentimiento significará aceptar y abrazar su género dado por Dios y rechazar cualquier identidad pecaminosa que hayan elegido.6

Conclusión

Los animales parlanchines de las películas de Walt Disney y la cultura pop han cautivado a muchos de nosotros. Pero un concepto ególatra, auto-determinante, muy al estilo de Disney, no nos ha hecho realmente ningún favor. La cultura nos ha ofrecido un evangelio falso, uno que aprueba todo lo que hacemos, dándonos libertad de perseguir cualquier cosa que deseamos.

El evangelio de la Escritura es por mucho, mejor. Tiene sentido con nuestra humanidad, restaura nuestra dignidad, hace un llamado a que los hombres y las mujeres vean su cuerpo como un regalo, un instrumento mediante el cual podemos dar gloria a nuestro Hacedor y Redentor. Esto podría sonar demasiado bueno como para ser cierto, pero la iglesia existe para dejar una cosa en claro: Esto no es un cuento de hadas.

Es el mensaje de la Escritura y la esperanza de todos nosotros.

Owen Strachan es el presidente del Concilio sobre la Hombría & Femineidad, un profesor de teología e historia de la iglesia en el Seminario Teológico Bautista del Sur y el Colegio Boyce, autor del libro Risky Gospel (Evangelio Riesgoso) y co-editor del libro Designed for Joy (Diseñado para gozo) (a editarse en un futuro cercano (Crossway).

Referencias y Notas

  1. Owen Strachan, Risky Gospel: Abandon Fear and Build Something Awesome (Evangelio Riesgoso: Abandonando el Miedo y Edificando Algo Impresionante (Thomas Nelson, 2013).
  2. Anne y Bill Moir, ¿Por qué los hombres no planchan?: La ciencia de estudiar los géneros (Nueva York: Citadel, 2000), 168.
  3. Visitar http://www.slate.com/blogs/business_insider/2014/06/23/center_for_reading_research_study_ finds_different_vocabulary_words_are_known.html.
  4. http://www.wsj.com/articles/paul-mchugh-transgender-surgery-isnt-the-solution-1402615120.
  5. Consultar los editores John Piper y Wayne Grudem, Recuperando la hombría y femineidad bíblicas. (Crossway, 1992) y el libro de próximo lanzamiento por Owen Strachan y Jonathan Parnell, Diseñado para gozo (Crossway, 2015).
  6. Aunque es algo poco común, algunas personas sufren desordenes cromosómicos, partes ambiguas del cuerpo, etc. lo que crea una confusión legitima. En estos casos, el empeño no se debe enfatizar en una “elección” de “identidad transgénero”, sino más bien en identificar lo que realmente son, o que es lo que debieran ser. En circunstancias extrañas como éstas, la instrucción bíblica de consejeros, pastores y líderes de la iglesia y la ayuda profesional de los médicos, será de mucha ayuda.

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